Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

¡Ave María Purisima!

“Sean Felices….”[1]

 

 

Desde hace algún tiempo se escucha desde los medios de comunicación masiva como en los medios que permiten las nuevas formas de comunicación  y muchos conocidos,  esta frase que hoy usamos como titulo como una forma de saludo, al momento de despedirse. No es ni malo ni raro que unos a otros, los hombres, nos deseemos la felicidad, por el contrario es algo que nace de nuestro interior que se ve llamado a esa felicidad. El hombre ha nacido para ser feliz, aun mas para ser Bienaventurado eternamente. Pero claro no todos los que repiten esta frase lo hacen pensando en esto, mas bien entienden que la felicidad como algo que está en la orillita de lo frágil y perecedero. Muchos creen haber alcanzado la “autorrealización” inmediatamente entran en un vacío que no lo pueden llenar con nada, pues aquellos que lo colmaba, ha pasado y ahora están vacíos.

Maslow en su pirámide de las necesidades humanas pone en el último peldaño la “autorrealización”, claro siempre visto desde una mirada horizontal del hombre, pues aquella autorrealización no es la felicidad. ¿Puede estar el hombre auto realizado sin cumplir su vocación, sin ser en plenitud? Aquella plenitud no se alcanza en este peregrino viaje terreno.  ¿Puede el hombre ser feliz con lo perecedero cuando ha sido llamado a lo Eterno?

Evidentemente no, lo que la filosofía moderna, la psicología llaman “autorrealización” esta mas cerca de “egoísmo” que de verdadero cumplimiento de la vocación a ser hombre, con toda su dignidad. Solo puede uno llegar a esa realización cuando sale de sí mismo,  en una entrega generosa a su Creador  y en El al prójimo.

El egoísmo encierra al hombre de tal modo que lo destruye, le vacía la vida, pues para el pensamiento moderno,  el hombre no trasciende mas allá de esta limitada vida. El sentido de trascendencia está en “ser alguien” entendiendo esto como fama, dinero y honores, solo así –en este pensamiento- se puede ser feliz. Claro sin la Luz que ilumina la razón, esta queda en las tinieblas de su propia incapacidad y yerra de manera absoluta sobre aquello que es ser feliz.  En este sentido son valiosísimas las palabras que expresa Monseñor Fulton Sheen, cuando en su libro “el camino de la felicidad” afirma:”La vida es insoportable para los ignoran porque motivo viven. Los hombres en el estado igualan felicidad con el placer (aunque es cosa muy distinta) e identifican la alegría con el estremecimiento de los extremos de los nervios (lo cual no es cierto). Las cosas externas no producen paz interior”[2].

Si erran en el concepto de felicidad, yerran también en el de alegría y se cierran fácilmente a la esperanza, de alguna manera  sus autoproclamas de felicidad, no son mas que simples cascaras, que a poco de golpearse dejan al descubierto su vacuidad, que indefectiblemente los conduce al abismo, pues “un alma egoísta y orgullosa es inaccesible a la gracia”[3].

De esta vocación a ser feliz y de esta mirada miope de su propio ser, se sirven los que promueven el consumismo juegan con el hombre en pos de sus espurios intereses. Ofrecen tal o cual producto identificándolo con cierto modo de felicidad. A a la conquista de aquel producto se fijan todas las fuerzas del hombre y cuando lo consigue, los mismos que pregonaban que con él iba la felicidad, generan un nuevo producto que volverá al círculo vicioso en busca de la felicidad.

Todos los actos del hombre, aun aquellos malos, están orientados a la búsqueda de esa felicidad a la que han sido llamados. Es que el hombre conoce lo bueno, pero si el conocimiento esta errado la voluntad se inclina hacia un mal que parece un bien. El demonio al tentar a Eva y a Adán uso este artilugio, el árbol del bien y del mal les haría dueños de su propia felicidad porque los haría dioses de sí mismos,  allí con el engaño que les despertó la soberbia los llevo al más terrible de los abismos. Así actúa el consumismo, en especial de la droga, el alcohol y el juego.

Si la felicidad es en la eternidad nos preguntamos: ¿Es posible ser feliz en esta vida? La respuesta no se hace esperar, ya que hemos sido llamados a la Bienaventuranza Eterna. En pos de ella, en su búsqueda sincera, es que comenzamos, aún en el dolor, a participar de aquella felicidad a la que hemos sido llamados. En nuestro peregrinar en este valle de lágrimas, podemos ser felices. De alguna manera aquella esperanza nos contiene y nos llena de una felicidad que no es la del mundo sino la de Dios y si algo opaca a esa felicidad es el no poder todavía contemplar el rostro de Dios, por ello aquello de Teresa cuando afirma “muero porque no muero”.

Los santos, modelos de imitación al Divino Modelo, nos ayudan dando nos muestras de que esto es posible y una y otra vez nos enseñan el camino. Entre ellos hubo uno que utilizando el recurso pedagógico de las formulas cuasi matemáticas nos enseño el camino de la felicidad, podíamos afirmar que resumió en esta fórmula aquella enseñanza sublime del Maestro en Huerto de los Olivos, este santo enseñaba esta fórmula de felicidad:

 

v= V=F

 

 

Si nuestra voluntad está conformada con la Voluntad de Dios, esto que es nuestro deseo sean aquellos que Dios quiera, nuestro corazón será verdaderamente feliz. Evidentemente porque nuestra alma es feliz cuando agrada a aquel que la ama, y por tanto no debería tener otra intención que hacer aquello que agrada a su Amado, haciendo aquello que Dios quiere para ella. ¿Puede acaso el Amado querer algo malo para su amada, cuando el mismo pagó el precio de la redención con su propia sangre?

 

-          Muy fácil habrá sido para este santo escribir esta fórmula, pura teoría!

 

No, querido lector quien escribió esta fórmula fue nada más y nada menos es San Maximiliano Kolbe, quien murió en un campo de concentración ofrendando su vida, en el bunker de la muerte mantuvo a sus compañeros alegres y en permanente oración.

También lo han testimoniado así los primeros mártires, el querido diacono San Lorenzo que con una sonrisa les pedía a sus verdugos que le dieran vuelta en la parrilla. Mas cercanos a nosotros lo vemos en el querido San Héctor Valdivieso y en sus compañeros, y en la mayoría de los relatos de aquellos que por odio a la fe fueron asesinados en España y en la querida México donde con la sonrisa de los bienaventurados gritaban a viva voz “¡Viva Cristo Rey!”

 

-          ¿Cuál es la Voluntad de Dios?

 

 Preguntémoselo al Maestro Bueno como hizo el joven rico[4]: “Maestro Bueno ¿Qué he de hacer para alcanzar la Bienaventuranza? Aquel joven recibió de Jesús la respuesta inmediata “observa los mandamientos”, y en esta primera respuesta Jesús enumera loa mandamientos que están en la segunda parte del decálogo “«no matarás; no cometerás adulterio; no robarás; no darás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como a ti mismo»”. En aquel último mandamiento estaban todos ellos encerrados. El joven rico respondió, como quizás muchos de nosotros estaríamos tentados de hacerlo, todo estaba observado, todos aquellos mandamientos él los cumplía. Sin embargo, el sentía que aquello no alcanzaba, que no era el camino a la Bienaventuranza y que esa era la principal causa de su vacío espiritual.  Por eso interroga al Maestro de esta manera: “¿Qué me falta aún?”

 Con gran Misericordia y verdad le dice: “Si quieres ser perfecto, vete a vender lo que posees, y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo”

Es importante decir que este pasaje suele ser infravalorado por aquellos que le dan solo un tinte económico y lo asocian solamente a la “justicia social”, otros, con razón, lo asocian a la vocación a la vida religiosa o sacerdotal. Sin embargo el pasaje es mucho más profundo los mandamientos que el joven declaraba observarlos, no podía observarlos realmente pues en esta segunda respuesta del Maestro esta aquella primera parte del decálogo resumida por el mismo Cristo “Amar a Dios sobre todas las cosas” y si no soy capaz de despojarme de todo por amor a Dios, mal puedo amar a mi prójimo como a mí mismo, aún mas sino amo a Dios mal puedo amarme a mí mismo, como seré capaz de la renuncia en pos de mi hermano, si no puedo ser capaz de reconocer en él, lo que le hace digno de amor, ya que tampoco soy capaz de reconocerlo en mí mismo.

Seamos francos, si nos paráramos frente a un espejo donde se refleje nuestro ser, ¿cuál sería la razón primordial por la que mi alma se incline a amarse? Ciertamente solo aquella dignidad que tiene ese ser del hombre y esta reside en aquella gracia infinita de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, y si conociendo amó y amando conozco, no puedo conocer y amar al hombre sin conocer y amar a Dios de quien es imagen y semejanza. Y si conozco y amo al Señor no puedo ya querer otro bien que El mismo, y por tanto los bienes de la tierra no los busco como causa y fin de felicidad sino como “medios preciosos” que me ayudan a alcanzar la Bienaventuranza.

-¿Y cómo puedo ser feliz acá en la tierra, si mi destino está en el Cielo?

 Es que cuando uno ama no hay cosa que cause mas felicidad que agradar al amado, y si en el cumplimiento de los mandamientos se que le agrado, como no he de intentar cumplirlos al extremo, como no he de discernir, con la ayuda de la gracia, que cada una de las decisiones que yo tome sean en línea con esa Voluntad Divina, la cual conozco por medio de la oración y la meditación.

-¿Pero acá en la tierra se sufre, y Dios no quiere que suframos?

¿Puede el alma enamorada no querer aliviar los sufrimientos del amado? Cada uno de nuestros sufrimientos el Señor los padeció por nosotros cuando cargo con el yugo de la Cruz, cuando pagó con su sangre el precio de la Salvación, por eso al ofrecer y unir cada uno de nuestros padecimientos por Cristo y en Cristo estamos aliviando el peso de su Cruz.

San Maximiliano Kolbe recibió de manos de María la rosa roja del martirio y, como ella abrazo la voluntad de Dios con alegría, ese gozo que llevo a María a entonar su solido Magníficat. San Alberto Hurtado, aún en los peores momentos, repetía a viva voz “contento, Señor, contento”. “El contento no es una virtud innata. Se adquiere con gran resolución y diligencia en el empeño de vencer los deseos desarreglados”[5].

Quien cumple y ama la Voluntad de Dios, quien está dispuesto a despojarse de sí, ese vive contento, vive ya en esta tierra la anticipación de la Bienaventuranza y aunque no Bienaventurado, alegre de cumplir la voluntad de Dios. Quien no es capaz de esto vive en la penumbra de la tristeza, como aquel joven que no pude desprenderse de sus bienes y “se fue triste”

Querido lector, ahora sí, puedo yo también desearte que seas feliz, pero que tengas la anticipación de aquella felicidad que te completa y te llena porque es tu vocación verdadera: Ser Bienaventurado.

¡Sean felices amigos! ¡Vivan en unión con Cristo!

Supla la gracia la deficiencia de la pluma.

 

 

Marcelo Eduardo Grecco

 

Director

 

Versailles, junto a la Virgen de la Salud,

 

31 de enero de 2009

 

Fiesta de San Juan Bosco

 

 



[1] Lineamientos  de la charla dada en Junio de 2009 a los jóvenes  del oratorio “Mamá Margarita” de Esquel

[2] Monseñor Fulton Sheen “El camino de la felicidad”. Editorial Planeta Barcelona 1956

 

[3] idem

 

[4] Seguiremos el relato de San Mateo en el capitulo 19, 16-22

 

[5] Fulton Sheen

 

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