

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Cada vez que caemos en pecado o alguien cae en pecado a nuestro alrededor tenemos la tentación de exculparnos y exculparlo de alguna manera. Cuanto más cuando se trata de un pecado público, siempre buscamos la excusa en alguna razón diferente a la que nos mueve a pecar.
Esto se hace evidente cuando quien cae en desgracia (se aparta de la gracia) es un sacerdote de la Iglesia católica, porque para decir verdad al haber perdido el sentido del pecado el adulterio o la infidelidad matrimonial ha dejado para muchos de ser pecado, aunque lo siga siendo a la ley de Dios y hasta la celebramos y festejamos. Ahora bien cuando un sacerdote es infiel a sus votos de celibato o peor aún cuando es lisa y llanamente un degenerado, las voces de muchos católicos y de la sociedad toda, influidos por la más media dirigida y gobernada por los que odian a la Iglesia, se levanta no en contra de la infidelidad a los votos realizados sino en contra de una institución, que si bien es regla de disciplina, es teológica y ha estado presente en los primeros tiempos de la Iglesia.
Ciertamente el celibato no es solo una cuestión de regla disciplinaria sino que la Iglesia ha madurado en su fe y tiene todo un sentido teológico que tiene que ver con la participación en el Único Sacerdocio de Cristo, configurado con Cristo el sacerdote ha de ser pobre, casto y obediente como lo es Aquel en cuyo sacerdocio ha sido incorporado. Explica Monseñor Rau en “Teología del Celibato Virginal, texto que usaremos durante este pretendido editorial, que “la idea creadora del celibato y de la virginidad (afirma desde los comienzos) es una imitación del Señor «Hijo Virginal de la Madre Virgen». Es para «honrar la carne del Verbo», afirma San Ignacio de Antioquia”.
Desde los primeros tiempos del sacerdocio católico hay indicios de la vida virginal y célibe de los sacerdotes, que de alguna manera perfeccionaban el sacerdocio de la Antigua Alianza, cuyos sacerdotes, aunque debían casarse, se mantenía célibes durante los días de su ministerio en el Templo. Existen tratados desde el siglo II que hablan de la virginidad y su estado de perfección y el celibato aparece mucho antes de que este legislado por la Iglesia, “antes de aparecer el monacato propiamente tal, existían los «ascetas» que sin vivir en comunidad se distinguían por su continencia absoluta, perpetua y su espíritu de penitencia, salvaguarda de su santidad. La estrega en la vida célibe y virginal es una “flor espontanea y un fruto del cristianismo” Es un don que brota del Único Sacerdote, casto y virgen, el Dios que es puro espíritu pero que tomo nuestra carne del seno virginal de María.
Por tanto aunque hoy regla de disciplina es una maduración teológica de la Iglesia de Cristo, a la cual quien desea servir íntegramente a Dios y a sus hermanos, acepta libre y voluntariamente. Ciertamente es una plena libertad que el candidato al sacerdocio acepta configurarse con Cristo casto a través de la vida célibe y virginal. “En cualquier caso – afirma Benedicto XVI cuando todavía Cardenal, ha de ser de libre elección. Más aún, antes de la ordenación hay que afirmar bajo juramento que se hace libremente y porque se quiere. A mí siempre me molesta mucho que se diga que nuestro celibato es obligatorio y que se ha impuesto. Se vive el celibato desde el principio, por una palabra dada”. (“La sal de la tierra” Peter Scewald entrevista al Cardenal Ratzinguer). Claro en esta época donde la palabra no tiene valor alguno, es despreciado el compromiso y echado por tierra hoy lo que dijimos ayer, se hace difícil entender el compromiso del sacerdote o la entrega en el matrimonio, a ambos uno debe llegar en plena libertad y habiendo dedicado el tiempo al discernimiento a fin de construir sobre la roca que nos da Cristo en su Iglesia y no la arena que nos da la sociedad en la que vivimos.
No es extraño que el celibato este siendo injustamente juzgado, pues como afirma Monseñor Rau “Donde no se respeta el matrimonio como institución divina y sacramento no florece la virginidad”. A quien puede caberle dudas de la crisis del matrimonio, crisis que ha afectado, sin duda, a los hogares católicos. El matrimonio es desconocido, odiado por el mundo porque el sacramento es la base solida de la familia primera y principal célula de la sociedad cristiana.
Cuando el matrimonio se destruye es por la infidelidad que ambos esposos tienen sobre los votos realizados el día de la celebración del sacramento, en el cual actuaron como ministros. Los problemas de la infidelidad al celibato no son ajenos a los problemas del matrimonio y muchas veces son consecuencia de estos, miremos el mayor escándalo que es hoy mundialmente conocido y, que genero este editorial, y veremos que es testigo de lo que estamos afirmando.
No nos es ajeno que el matrimonio y el sacerdocio son bombardeados por el mundo, por lo cual hace necesario una disposición mayor para evitar las ocasiones y una vida de mayor oración que permita fortalecer la virtud frente a la debilidad, enfrentando con las armas de la gracia el combate al que hemos sido llamados, el combate de la fidelidad en nuestro estado de vida.
“Es innegable que, en casos aislados, el juramento de virginidad perpetua no podrá mantenerse sin una lucha heroica. Pero ¿es que la fidelidad conyugal no exige también, en circunstancias extraordinarias, una continencia heroica? Dios, que ha dispuesto ambos estados, el matrimonial y el sacerdotal, ha ordenado para ambos los medios de honrarlos con una fidelidad absoluta. Dos sacramentos para dos estados de vida. Pio XI insiste en la necesaria cooperación de los cónyuges a la gracia sacramental (…) e insiste en la necesidad que el sacerdote coopere con su carácter sacramental”
No es el celibato o el matrimonio el problema, somos nosotros que no vivimos fieles a Dios ni a nosotros mismos, somos nosotros los que rechazamos la gracia que nos da la Iglesia a través de los sacramentos.
Nosotros esposos, solteros, sacerdotes todos, Bautizados en Cristo debemos sujetarnos a su amor insondable y dejar que el haga su voluntad poniendo los medios para no traicionarlo. Porque amigo lector un sacerdote que peca cae en desgracia y está sujeto a la Misericordia de Dios, pero si además hace espectáculo de su pecado y se hace apostata para no arrepentirse del mismo en un necio irredento. También vale para los esposos que rompen su familia y contra toda la ley de Cristo se alejan de la Iglesia para poder vivir en pecado sin que nadie los moleste y vale también para los solteros que se sumergen en la vida de las pasiones y para que la conciencia no les pese también se alejan de Dios. Y vale para todos nosotros cuando pecamos y buscamos miles de escusas para no volver a Casa y así seguir sumergidos en el lodo del pecado.
Para todos tenemos una buena noticia, Cristo nos ha Salvado y en la Iglesia está la Salvación y la Misericordia, si por la soberbia hemos caído en pecado por la humildad podremos sumergirnos en las fuentes de Misericordia que Nuestro Señor Jesucristo nos dejo en la Cruz.
Supla la gracia la deficiencia de la pluma.
Marcelo Eduardo Grecco
Versailles, junto a la Virgen de la Salud
29 de mayo del año del Señor 200
Segundo Domingo de Pascua
Diseñado por www.presentesyrecuerdos.com - Desarrollado por www.ledatasistemas.com.ar