

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

El Escándalo De La Pobreza
El último fin de semana, se ha realizado la colecta anual “Más Por Menos”, que tiene como fin que las Diócesis con mas recursos ayuden a aquellas que tienen menos recursos económicos, en ocasión de la preparación de esta colecta el Sr. Nuncio Apostólico escribía unas líneas al Episcopado Argentino en las cuales expresaba que el deseo de S.S. Benedicto XVI de que en la Argentina se trabajará para reducir “el escándalo de la pobreza”.
Varias voces se levantaron al respecto rechazando o tomándose de ellas para otros fines, no sin los consabidos ataques a la Iglesia y a la figura del Santo Padre. Comenzaron a correr los números estadísticos y contradictorios sobre la pobreza en el país. Datos desde fuentes episcopales o desde fuentes diocesanas y fue allí que nos surgieron estas pobres reflexiones que hoy compartimos contigo, querido lector.
Para nosotros la verdadera pobreza esta entre el 95 y 99 por ciento de los argentinos. ¿De donde sale este disparatado numero?
Sale de la observación atenta, de la vida social, de la lectura prudente de los acontecimientos y de las personas.
Decía mi querida abuela Amelia, santa mujer, que “pobre es el diablo que perdió la gracia de Dios”. En este sentido, en esta querida Argentina tenemos a muchísimos compatriotas que a pesar de haber recibido el Bautismo y de haber sido formado en nuestras Parroquias, colegios y universidades, de haber pertenecido a grupos eclesiales, viven pobremente, ósea lejos de la Gracia, algunos negándola y rechazándola. Verdaderos pobres de los cuales la Iglesia tiene que ocuparse preferentemente de los bienes materiales que tengan, por el contrario la acción apostólica de la Iglesia en busca de la conversión a Cristo hace que estos pobres se enriquezcan y en el ejercicio de la verdadera caridad ayuden a aquellos que menos tienen.
Pobreza, decíamos, destructora que sume a algunos en la acumulación irrestricta de bienes y a otros ahoga en una miserable indigencia. Pobreza que enfrenta en un mundo consumista a unos con otros, que provoca la esclavitud del clientelismo y la indignidad de la acultura del trabajo.
Si definimos, en lo económico, pobreza como aquel estado en que se obtiene lo indispensable para el sustento, mediante el trabajo, para él y su familia, se accede a una vivienda digna y hasta se puede ahorrar para lograr un pequeño desarrollo, ciertamente la pobreza no es mala, contrariamente a lo que nos manifiesta el consumismo que nos crea permanentemente necesidades que muchos no alcanzan a satisfacer. Pero cuando el sustento no alcanza, el desempleo, lacra vergonzosa, sume al hombre en el paro que lo hace atentar contra su indignidad, cuando es explotado de manera aberrante ya sea por el trabajo esclavo, ya sea por el clientelismo político. Cuando la vivienda digna se hace imposible de alcanzar por la sobre valuación de los inmuebles y por el contrario se aglomera en grandes centros urbanos a la gran mayoría de la población buscando que aquellos sean el caldo de cultivo de grandes negocios para pocos y enormes venenos para otros, como son la droga o el alcohol, como también lugares propicios para la “cosecha” si se me permite el termino de personas (sin importar edad ni sexo) para la prostitución. No hablamos acá de pobreza sino de indigencia, indigencia de la que pocos se ocupan y muchos generan porque de ella viven. Hablamos de indignidad de las personas y ciertamente de “escándalo”, de piedra para alcanzar la vida de la gracia. En estas condiciones se siembra la frustración que trae consigo el odio y la envidia. El camino esta sembrado para la delincuencia, para los delitos en la misma familia de índole sexual, para la pelea entre compatriotas generando las “pequeñas guerras civiles” que de un modo nuevo azotan a nuestra Patria y a aquellas vecinas que corren la misma suerte.
Sí la indigencia es un escándalo, y si la es la pobreza en el sentido que hablamos al principio, si lo es para nuestros hermanos mas necesitados y lo es para nosotros cuando nos volvemos pobres al perder la Gracia de Dios por medio del pecado. Esta pobreza es la que verdaderamente nos excluye, nos excluye del Reino de Dios y en ella está la mayoría de nuestros hermanos. ¡Salgamos a su encuentro! Porque estos pobres son los que más necesitan de nosotros.
En este sentido quizás la colecta “Más Por Menos”, podría llamarse de otra forma porque muchos de esos que tienen menos tienen mas, si están en Gracia.
El Padre Carlos terminaría preguntándonos “Por casa, ¿como andamos?” ¿Qué tan pobres somos?. ¿Dónde esta nuestra riqueza? ¿Qué tan libres somos del pecado? ¿Cuál es el uso de la libertad que Dios nos ha dado1?
Luchemos, ciertamente para acabar con el escándalo de esta pobreza y de seguro también lucharemos para ayudar a aquellos que han sido sometidos en la indigencia...
Supla la gracia la deficiencia de la pluma
Marcelo Eduardo Grecco
Director
1 Acompañamos este numero con la enciclica de Leon XIII sobre la libertad “LIBERTAS PRAESTANTISSIMUM”
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