Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

El Matrimonio: Institución Sagrada

 

 

A mis padres Domingo y Amalia

 

 al cumplir sus Bodas de Oro Matrimoniales,

 

 en gratitud por el testimonio de amor y entrega

 

que nos siguen dando a sus hijos  y nietos

 

 

El matrimonio es una institucion de orden natural, creada por Dios quien al ver que no era bueno que el hombre estuviese solo y que necesitaba una ayuda semejante a el, y viendo que entre las creaturas no habia nadie que le complemente y fuera posible de ayudarle, de su costulla hizo Dios a la mujer de quien el hombre exclamo “hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Cif Gen 2 18-24), ella es la “compañía perfecta” para el hombre. Lo ha expresado Adan y lo siguen expresando miles de hombres que descubren en la mujer esa perfecta compañía y que en la vida matrimonial recorren este valle de lagrimas. Veamos como este gran poeta Peman nos ayuda a comprender este misterio del amor de Dios que es la mujer como compañera del varon:

 

 

“Porque Dios me la diò, ya puedo en ella

 

Querer, una por una, cada estrella

 

Y por una, cada flor.

 

 

Dios me la diò porque sabia

 

Que me bastaba para el verso;

 

Dios me la diò con toda la poesìa

 

De todo el Universo.

 

 

Porque yo estaba hambriento y triste

 

De una Totalidad que presentìa,

 

Señor, tù me la diste

 

Hecha la pazentre ella y la Armonìa.

 

 

-Puedes amarla- me dijiste-,

 

Puedes amarla en orden y alegrìa;

 

Puedes buscarla en todos los colores;

 

Puedes hallarla en toda la presencia;

 

Con la gracia del sol y su licencia,

 

Con el aplauso de los ruiseñores.”[1]

 

 

Pero semejante ayuda no es para el momento, para el instante, para lo disoluble, es necesario que el hombre se despoje de todo y se una a la mujer en una sola carne para toda la vida. Ya no dos, sino uno, no por “un instante” sino para siempre. El hombre dejará a su padre y a su madre “y se adherirà a su mujer, y vendràn a ser una sola carne” (Cif. Gen 2, 24), aqui se “atestigua – dice Monseñor Straubinger – la institucion divina del matrimonio, fundamento de la sociedad humana, cuya celula es la familia. El hombre y la mujer seràn una carne, lo que implica la indisolubilidad y unidad del matrimonio” (Comentario de la Sagrada Biblia publicada por la Prensa Catolica, Chicago 1958)

 

El pecado quebró al hombre y lo sometió a la concupiscencia y es así que el orden instituido por el Creador y estas notas principales de Unidad e Indisolubilidad fueron cayendo en corrupción León XIII, relata claramente como ha sido esta corruptela, por eso te recomendamos, querido lector, te acerques a la lectura de la Enciclica Arcanum Divinae Sapientiae.

El matrimonio es ademas el medio que el mismo Creador, desde el principio, eligio para la propagacion de la vida, pues a esa union les fue conferida la mision de “multiplicar” al genero humano.

 

Hablamos aquí del orden natural del matrimonio, tal como enseña la Iglesia en sus documentos, pues como afirma el Papa Pío VI en carta al Obispo de Agra, citado por Pío XI en la Casti Connubbii: “Es, pues, cosa clara que el matrimonio, aun en el estado de naturaleza pura y, sin ningún género de duda, ya mucho antes de ser elevado a la dignidad del sacramento propiamente dicho, fue instituido por Dios, de tal manera que lleva consigo un lazo perpetuo e indisoluble, y es, por lo tanto, imposible que lo desate ninguna ley civil”[2]. No hay ley positiva alguna que pueda borrar del orden natural esta valiosa institución y sus notas principales, unión del hombre y la mujer (vale la pena repetirlo aunque sea de Perogrullo) para toda la vida. Y cuando la ley positiva pretende regular contra el orden natural hemos sido testigos de sus lamentables consecuencias en todo el orden social.

Cuando ni la unidad, ni la indisolubilidad son sostenidas, el matrimonio y la familia son desterrados, las consecuencias son terribles y ya las vemos entre nosotros. Cuando el Padre Sáenz, en 1986, decía que en Europa, casi no había “matrimonios” y que solo quedaban “parejas”, “esa palabra que pertenece a un vocabulario mas animal que humano”, nos parecía algo que no podría ocurrir en esta tierra, sin embargo en aquel momento el Padre nos decía: “También en nuestra Patria se ha llegado a este estado, se está bombardeando la institución familiar. Tras la laicización practica y creciente del Estado, ahora se trata de destruir a la familia, el último resto de Cristiandad, la ultima refracción del evangelio en las instituciones de la sociedad”[3]. ¡Cuánta razón tenía!

Queridos amigos, nuestra querida Patria ha vivido y vive los sufrimientos de una familia destruida, de una familia que está siendo desterrada. No son las leyes positivas perversas que estamos viendo, el comienzo sino la coronación de una larga lucha que no todos los católicos, hemos emprendido de la misma manera. Nuestra  voz, la de pastores y la de seglares no ha sido lo demasiado fuerte, digamos claramente no la hemos pronunciado allá donde nos ha tocado en suerte el puesto del combate. Por el contrario, fuimos como retrocediendo y dejando que entre en el ámbito sagrado del hogar las terribles ideologías que contradicen el orden natural y le guiñamos el ojo al divorcio, nos hicimos los tontos con la anticoncepción abortiva y ahora homonomio aprobado judicialmente y aprobado por un liberal, que tenemos como intendente o Jefe de Gobierno.

Como en la Revolución Francesa, y como consecuencia de ella, también estas cosas llegan al lugar que llegan más por nuestra tibieza y aprobación que por sí mismas. Si los cristianos hubiésemos salido con fuerza, si hubiésemos orado y hecho penitencia no hubiese habido ni divorcio, ni habría hoy aborto encubierto ni “homonomio”.

Es que frente a la dureza del corazón Moisés permitió algunas cosas que fueron restauradas claramente por el Señor en diversos pasajes donde habla con toda crudeza del origen del matrimonio y de esas dos propiedades de la Unidad y la Indisolubilidad (Mt. 19, 1-6; Mc 10, 3-9 Mt. 5, 31-32). Pero también advierte contra las nuevas uniones a las que llama claramente “adulterio” (Mt 5, 32; Mt 19, 9;  Lc 16, 18).

¿Cuántas veces sin, quizás, darnos cuenta, alentamos al adulterio o nos alegramos frente a la convivencia sin matrimonio?

¡Cuidado! Que la tolerancia no quiere decir que nos alegremos frente al pecado o peor aún que lo promovamos. Entre nuestros conocidos, en esta sociedad sin familia y sin matrimonios tenemos infinidad que se separan y, muchas veces, les ayudamos a buscar “pareja” o llamando esposos a quienes no son tales (Jn, 4, 17).

La Iglesia nos pide en sus últimos documentos, siguiendo el consejo de siempre de amar al pecador y aborrecer el pecado, acompañar a aquellos que están en nueva unión (que no es matrimonio) y que por distintas razones, entre los que están principalmente: el bien de los hijos. Acompañarlos, decíamos, para que puedan salir del estado del pecado, incluso promoviendo la castidad a grado tal de que aun cohabitando puedan vivir como hermanos, pero jamás nos pide que motivemos las nuevas uniones e incluso que las aprobemos como tales. “Contraer un nuevo matrimonio  por parte de los divorciados mientras viven sus cónyuges legítimos contradice el plan y la ley de Dios enseñados por Cristo. Los que viven en esta situación no están separados de la Iglesia, pero no pueden acceder a la comunión eucarística. Pueden vivir su vida cristiana (limitada) sobre todo educando a sus hijos en la fe”[4]

Es bueno, como para ir cerrando estas pequeñas nuevas reflexiones sobre el don del matrimonio que volvamos a mirar algunos de los bienes del matrimonio (matris munus: deber de madre) Siempre es un contrato entre un hombre y una mujer, todo matrimonio aun aquel entre no bautizados es un simple contrato natural, aunque siempre sagrado y bendecido por Dios, no lo hemos dicho pero el matrimonio necesita del consentimiento voluntario y libre de los esposos para ser considerado tal.

El fin primario del matrimonio es la participación de la obra creadora de Dios mediante la procreación y educación de los hijos, como fines secundarios tiene: el fomento del amor reciproco el mutuo auxilio y la mitigación de la concupiscencia[5], bien sigue cantando Peman:

 

 

 

“Señor: has inquietado la querella

Del orden y el amor en que me ardía

Por la alta paz de su mirada bella.

 

 

 

Señor: ¡Gracias por ella!

¡Y en ella gracias por la luz del día”

 

 

 

Son bienes del matrimonio: la prole (hijos, nietos); la fidelidad conyugal y a través del sacramento, dignidad a la que ha sido elevado por Cristo, la gracia santificante y las gracias actuales para el logro de la felicidad y de los fines matrimoniales.

Nunca ha sido fácil sostenerse fiel al mandato de Dios, menos en este tiempo tan influido por el mal de la división y la destrucción de todo aquello que nos recuerde a Dios Nuestro Señor, por eso es necesario que demos gracias cada día por aquellas familias que todavía se mantienen en pie frente a tamaña tormenta. Debemos rezar además por cada uno de los matrimonios, en especial aquellos de los que no tienen la gracia del sacramento, por ser entre no bautizados para que pronto conozcan a Cristo y perfecciones su unión que, aunque sagrada, no posee esos dones especiales. Pero también para que aquellos que sin han recibido el don del sacramento lo fortalezcan por medio de la oración y la vida en la Gracia, sobre todo a través de la vida sacramental sostenida en la Eucaristía.

No olvidemos nunca de pregonar la grandeza del matrimonio y mostremos a nuestros jóvenes ese amor esponsal sellado por el Amor en la cruz. Sí, me refiero al amor esponsal de Cristo y su Iglesia. “Maridos amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entrego El misma por ella, para santificarla” (Ef. 5, 25)

Que nos sirvan de luz nuestros mayores que han superado tantas cosas y solo con la gracia del Sacramento que enardece el amor a través de los años. No es como dice el mundo con los años se enciende cada vez mas y, uno ve que cuando más se necesitan  más se tienen, más sufren el uno por el otro.

Por eso lector amigo, el mundo les dice a nuestros jóvenes que el matrimonio no existe, que no es posible amar por toda la vida, sin embargo nosotros decimos, con fuerza que si es posible, pero si restauramos todo en Cristo. En Cristo que reinando en cada cosa de la sociedad hace brillar todo de manera nueva y espléndida.

 Supla la gracia la deficiencia de la pluma

 

 

Marcelo Eduardo Grecco

 

Director

 

 

 

 



[1] Jose Marìa Peman “Esposa” Las Musas y las horas  (Antologìa Poetica) Aguilar Madrid 1950

[2] Pio XI Casti Connubbii 11

[3] Homilía en el Congreso de la Familia en Lujan publicada en el boletín El Caballero de Nuestra Señora, por decisión de su fundador y director el Padre Carlos Alberto Lojoya

[4] Catecismo de la Iglesia Catolica 1665 (el paréntesis es nuestro)

[5] No nos extraña que haya tanta corrupción en el seno de los hogares, la ruptura del matrimonio sumado a la basura de los medios lejos de mitigar la concuspicencia la desborda corrompiendo todo lo que pase a su alrededor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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