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Mayolica

Queremos que salga el sol

Hay momentos en la vida en que más que nunca estamos obligados a volver a lo ordinario y admirarnos no solamente de su belleza y esplendor sino dar gracias a Dios por haber conocido y seguir conociendo que una hoja es verde cuando lo es.

Por gracia de Dios me encuentro de vacaciones en San Rafael y pude participar y ser testigo de una cosa por un lado extraordinaria pero por otra desopilante… Mejor me explico.

Como todos sabrán, en nuestra querida Argentina un grupo de personas está tratando hace un tiempo que se apruebe una ley que equipare las uniones de personas del mismo sexo al Matrimonio con derecho a la adopción de niños inclusive. Dicho proyecto fue aprobado en la Cámara Baja hace unas semanas y el próximo 14 de julio se tratará en el Senado de la Nación. Esto dio pie para que mucha gente buena de la Iglesia y de otros movimientos se ponga de común acuerdo y realice algunas manifestaciones en orden a tratar de frenar por todos los medios posibles que se apruebe tan nefasta ley.
En cuanto a la Iglesia respecta, los movimientos en defensa de la Vida y la Familia fueron los primeros en reaccionar junto a algunos pastores y otros movimientos de laicos y consagrados. Es así que en varias provincias se han organizado marchas en contra de esta posible ley. Y esto porque va contra la naturaleza misma de las cosas.
En la ciudad de San Rafael se llevó a cabo una marcha multitudinaria. Serían alrededor de 10.000 personas según varias estimaciones. El porcentaje no es de dejar de lado, ¡un 5% de los habitantes del distrito! Fue conmovedor el ver a tantas personas de distintas clases sociales y con diversas vocaciones, de distintas edades aunque la mayoría fueron jóvenes ¡¡¡Sí, la mayoría eran jóvenes!!! gritando por las calles de San Rafael: ¡Queremos Papá y Mamá! ¡Queremos Papá y Mamá! ¡Queremos Papá y Mamá!... ¿Se habrá vuelto loco el mundo y yo no me enteré?

En ese momento, en que la multitud gritaba eso y yo sacaba fotos, me vino a la mente… 'esto está genial… y al mismo tiempo… estamos todos locos… tener que llegar a gritar '¡Queremos Papá y Mamá!' a los cuatro vientos a la sociedad argentina, que no solamente se dice, sino que es cristiana y católica, es como si en ese día en que había un espléndido sol en medio de un cielo sereno sin nubes… hubiésemos organizado una marcha a favor de los derechos del sol y con pancartas, redoblantes, sirenas y petardos la misma multitud de antes se pusiera a gritar debajo de los rayos del mismo sol: ¡Queremos que salga el sol! ¡Queremos que salga el sol!'.

Hace unos años, a veces nos divertíamos diciendo que, después de algunas situaciones ridículas vividas en algunas jornadas habituales de trabajo, tendríamos que encerrarnos en una habitación y repetir los Primeros Principios o el Credo varias veces a fin de recuperar el sentido común y el sentido católico de las cosas. Pues bien, hoy en día quieren dictarle leyes al sol. ¡Más que ridículo! Y al parecer están a punto de aprobar (salvo que nuestras obras unidas a la de Dios lo frenen) unas leyes en las que se le prohíba al sol alumbrar de día y aún más, quieren prohibir a la gente que llame sol al sol. Quieren obligar a salir con lentes negros, no lentes para sol, ¡No! ¡Eso No, piola! ¡Porque así podrías hasta mirar el sol! Sino lentes negros, hechos con un nuevo y prodigioso producto compuesto de sustancias sintéticas negras, con agregados de carbón y brea y pintados y requetepintados de negro. Con incrustaciones, si se quiere, de malaquita. Y si alguno no quiere usar esos lentes -que ciegan- pues ¡no podrá salir de su casa por desacato, nosequefóbico y, sobre todo, discriminador!

Hasta que cubran la verdad… por un tiempo. Que tampoco nadie puede tapar el sol con la mano.

Si aprobasen dicha ley -¡Dios no lo permita!- quizá pasen situaciones que hasta ahora parecen de fantasía: '¡Mamá… mamá, mirá por la ventana, hoy salió el sol!' '¡Calláte mocoso insolente -le dirá su madre con gran dolor-, cerrá la ventana, baja la persiana y poné la cortina! ¿querés que nos maten? ¿eh?, ¿qué sol, ni qué nada?- y al quedar encerrados, esa madre simple y temerosa -por temor a los delincuentes defensores de la nueva ley- le dirá a sottovoce (leerlo a baja voz…): 'Sí, es el sol hijito… ese es nuestro gran secreto… y salvo que un día nos obliguen en medio de la plaza del barrio a llamar a las cosas por su nombre, dando el testimonio supremo -¡Dios lo quiera!-, debemos vivir aquí en la ciudad como si el sol no brillase… aunque sabemos que nadie puede cambiar las leyes que imprimió en los seres el Altísimo y aquí en casa seguiremos llamándolo sol… dále, ahora sí, cantemos: ¡Febo asoma… lailala…!'. ¿Que esto no es posible? Lo mismo se pensaba al inicio del siglo XX en el mundo y sucedió que en Rusia y por 70 años estuvieron siendo masacradas multitudes por cantarle al Verdadero Sol y otros muchos encerrados en sus casas para celebrar los sagrados misterios… en secreto, con las ventanas, persianas y cortinas bien cerradas… Es verdad, el Sol terminó venciendo a sus enemigos pero mientras tanto ¡cuánto mal que han hecho, cuántas millones de vidas asesinadas, vaya uno a saber cuántas almas perdidas para siempre!

¡Queremos Papá y Mamá! ¡Queremos que salga el sol! El autor de Cambalache se quedó corto. Todo está patas para arriba. Y en el mundo, un negro ventarrón, amenazador, se vislumbra en la lontananza. Nubes negras, como con piedras. Pero eso no es lo peor, lo peor parecería que la inmensa cantidad de gente está tildada… no piensa en nada, nada le interesa -salvo su $, su cuerpito, su tiempo libre, su 'su'… todos los otros pronombres personales no interesan. Es como si cada uno ante el espejo se dijese todo el tiempo: '¡Yo y sólo yo, (only me… lailalalailala…) y nada más! Nada me mueve, nada me noquea, nada me incita, nada me provoca ni me aguijonea, nada de nada, ¡nothing of nothing! No me calienta nada…' Y sin embargo esa tormenta se avecina… y cuando llegue cascoteará a todos, sin distinción… también a dicha persona ya que como 'sale el sol sobre buenos y pecadores' también caerán piedras sobre todos… pero la diferencia con la comparación es que las tormentas naturales tienen distintas causas, incluso podrían ser queridas por Dios como castigo o prueba, mientras que las tormentas morales nunca vienen por voluntad de beneplácito divino y sin pecado de las personas que las producen o al menos de las personas que pudiendo y debiendo hacer algo, se quedan muy cómodas en sus casas hasta que ya sea demasiado tarde.

San Pedro y san Pablo, sacerdotes, nos dieron ejemplo que a las cosas hay que defenderlas no solamente hasta que duela sino hasta derramar la sangre por ellas, si es así la Voluntad de Dios. Hay que vivir siendo veraces y defender la verdad de las cosas cueste lo que cueste. Es mejor sufrir por ser buenos y hacer el bien, que sufrir -como le pasa a la gente mala- por ser malos y hacer el mal.

Nosotros no discriminamos a nadie, según el sentido peyorativo que quieren darle al término. Son ellos quienes nos discriminan, en el mismo sentido peyorativo. Nos quieren obligar a que neguemos la realidad de las cosas.

Según demuestran científicos serios y muestra la Sagrada Escritura, es una cosa terrible el padecimiento de la homosexualidad. Pero a esas personas no se las ayuda haciendo que llamen una cosa por otra. Esas personas quedarán prisioneras de sus tendencias. Cristo las ama hasta el punto de morir por ellas y purificarlas. Hay esperanza para esas personas si en vez de reclamar algo en contra de la naturaleza, comenzasen, al menos, con reconocer que una hoja es verde cuando lo es y que el sol brilla en el firmamento cuando en realidad está allí. Nadie, como buen católico condena a quienes experimentan dichas tendencias, más aún la Iglesia como Madre buena que es nos manda a ayudar a dichas personas para que superen dichos problemas. Muchas personas agradecen a la Iglesia que las haya ayudado en esta liberación. Lo único que no se puede hacer es canonizar dichas tendencias, como no se puede canonizar ninguna tendencia desviada.

Ahora bien, si no se quiere reconocer la verdad, nos queda a nosotros defenderla por todos los medios lícitos y morales… y hasta democráticos. Lo que pasó en San Rafael y en varias provincias es un milagro, una maravilla, porque a pesar que en los últimos años parecería que nadie movió un dedo a nivel social para manifestarse como grupo unido y a una sola voz. Miles de personas, decenas de miles (en Tucumán cuentan que hubo unas 40.000) salieron a gritar por las calles portando insignias naranjas (el color elegido para esta patriada) y banderas argentinas: ¡Queremos Papá y Mamá! ¡Queremos Papá y Mamá! ¡Queremos Papá y Mamá!

Muchos católicos, y gracias al Progresismo seudo-católico, ya no saben distinguir nada: 'todo es igual, nada es mejor'. A ellos les han puesto más de una pulga en la oreja: 'no hay que discriminar', 'cada uno que haga lo que quiera', 'que los tiempos cambian', 'ahora todo es libre', 'ya no hay mandamientos', 'no hay que aplicar leyes religiosas a quien no cree', 'no hay que ser anticuado, ni troglodita, ni estegosaurio', etc. etc. y por más que haya en algunas de estas expresiones algo de verdad (ya que en todo error y mentira, algo, alguito -aunque sea ínfimo- de verdad hay) no se dan cuenta que les han lavado la cabeza. Los han engañado. Les han hecho creer que ser católico es poner todo al mismo nivel: Dios, la Biblia, el calefón… lo importante es no discriminar. 'Pensá lo que quieras, obrá como quieras, sé lo que quieras', se lo han repetido hasta el cansancio, de modo tal que ahora pasó a ser un principio para ellos. Y lo absolutamente terrible es que la mayoría de estos católicos, ni siquiera sería capaz de darse cuenta lo que hay de erróneo o, al menos, de sentido equívoco en dichos términos, en el caso que se encuentren con uno que les diga lo contrario.

Queridos hermanos,

En esta novena atípica que me pareció deber escribir en honor a san Pedro y san Pablo, y viendo que estamos festejando un año más de nuestra unción sacerdotal, los querría invitar a todos -consagrados y laicos- a que se unan a esta defensa necesaria de la familia argentina. Incluso si se hayan en el extranjero.

Recuerdo que cuando el Padre Lojoya nos incentivaba y enseñaba a pedir ayuda para obras buenas nos decía 'Dios alimenta a las aves del cielo pero no les da la comida en la boca', lo mismo análogamente se aplica a este tema.

Además de nuestros rezos y confianza en Dios, que doy por descontados, salgan a las calles, escriban cartas a los diarios, llamen a los programas en donde el lobby gay está desarrollando su campaña, firmen el manifiesto en contra de esta ley que circula en muchas provincias argentinas y en Internet, suban on-line buen material Pro-life, envíen mails a sus amigos, contacten políticos y diplomáticos, llamen a sus conocidos invitando y promoviendo estas acciones, y sobre todo tomen parte en la manifestación que se hará en muchas ciudades de nuestro país en la vigilia de tratarse el proyecto de ley en el Senado (la concentración en Buenos Aires será el martes 13 de julio a las 18.30 frente al Congreso de la Nación). Lo que está en juego es mucho más que una 'ley para minorías'. Y no creas que por quedarte en tu casa te vas a salvar de la pedrada moral que se avecina si aprueban esta farsa de ley. Y si no te convencen para moverte estas razones, aquí hay otra más: Dios no lo permita, pero si tenés hijos y ellos quedasen huérfanos y sin tutores en la familia, pensá que esos chiquitos, sí esos hijos tuyos a quienes le darías todo (ellos que son la luz de tus ojos) podrán caer en manos de depravados… porque quien llega a querer igualar la unión de un varón y una mujer a la unión de dos personas de igual sexo es un depravado. Y que nadie piense que es manija, es decir, una idea fija y vana. Al menos yo, me quedaré tranquilo recién cuando haya hecho todo lo que podía hacer para frenar esta tormenta.

¡Queremos Papá y Mamá! ¡Queremos Papá y Mamá! Cómo tenía razón Chesterton al decir que: 'pecado es llamar gris una hoja verde y se estremece el sol ante el ultraje'. Demos gracias a Dios porque nos hace llamar verde a una hoja verde, alegrando al sol con el aserto.

¡Feliz día de San Pedro y San Pablo!

¡Feliz 14º aniversario de Ordenación Sacerdotal!

¡Viva la Familia! ¡Viva la Vida! y… ¡¡¡Viva el Sol!!! Aunque al mirarlo lloren los ojos…


Padre Gabriel Eduardo Romanelli, IVE

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