

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Reflexión del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en el programa “Claves para un mundo mejor”, en su emisión del sábado 20 de mayo de 2006
Se acaba de estrenar finalmente el Código Da Vinci. Y se acaba de estrenar con una presencia masiva, monopólica al parecer, en todos los cines del mundo. En la ciudad de La Plata, las cuatro multisalas presentaron simultáneamente esta única película. Es decir que sólo se podía ir a ver esto.
Creo que eso da que pensar. Sobre todo si uno lo relaciona con otros fenómenos análogos. Ya hemos hablado aquí sobre lo que significaba el anuncio de la publicación del Evangelio de Judas y de los libros denominados como ficción religiosa.
En lo que va del año 2006 se han sucedido, en distintas partes del mundo, ataques muy fuertes no ya a la Iglesia o al clero, sino a la misma persona de Jesucristo. Ataques desvergonzados, obscenos, con insinuaciones injuriosas o blasfemas. Ha ocurrido en Nueva Zelanda, en Francia, en Inglaterra y en muchos otros lugares.
Es notable esa especie de sincronización. Dicen que no hay que creer en las brujas pero… Algo de eso creo que tenemos que pensar. Existe una intención de dañar la figura de Jesús. Si sumamos a esto el hecho de tanta confusión, tanto desconocimiento, tanta ignorancia religiosa podemos pensar qué efectos puede tener toda esta campaña.
Además me llama la atención que por lo general estas ficciones religiosas y este tipo de ataques se dirijan exclusivamente al catolicismo y se dirijan a él en lo que tiene de más sagrado como, insisto, ahora es a la persona de Jesús.
Es notable que haya algunas reacciones interesantes al respecto. Hubo hace poco en Londres una exposición de pinturas en la que aparecían cosas espantosas acerca de Jesús. Tan es así, que un periodista, el Sr. Nick Cohen, una persona que no comparte nuestra fe, en “El Observador” de Londres, hizo estos comentarios: "es cobarde atacar a la Iglesia y no ofender al Islam y –añadía– no se trata de un asalto valiente a todas las religiones, sino sólo al catolicismo. Los propietarios de la galería –donde se hizo esta exposición de pintura– saben que aunque los católicos se sientan ofendidos no les harán daño. Si hicieran lo mismo con el Islam, les caería encima todo el infierno”.
Yo creo que algo semejante ocurriría en la Argentina. Supongamos que cualquier otra comunidad religiosa aquí como la judía, la evangélica o la musulmana fuera afrentada en sus símbolos fundamentales, en su fe, en sus ritos.
Enseguida surgirían reacciones no sólo de esas mismas comunidades sino de ciudadanos indignados de que no se respetara la libertad religiosa, de que se atacaran los sentimientos de una parte considerable de la población. Pero si esto ocurre con la Iglesia Católica y no sólo con ella sino también en la persona de Nuestro Señor Jesucristo, aquí no pasa nada.
¿Cómo reaccionamos nosotros? Decía el periodista Cohen que no vamos a hacer daño. Evidentemente que no y está bien pero creo que en cada uno de nosotros tiene que surgir una nueva profesión de fe, con toda coherencia, con toda inteligencia también y con el propósito y el deseo de conocer mejor a Jesucristo. Y de poder hablar de Jesucristo.
Tenemos que hablar con toda libertad y decirle a los hombres y mujeres de hoy quién es Jesucristo no sólo para nosotros sino quién es en toda la verdad histórica de su persona y de su misión. Pero de esto quiero hablarles el sábado próximo.
Mons. Héctor Aguer,
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