Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

Vencer La Melancolía: ¡Viva La Vida! (1)

P. Gabriel Eduardo Romanelli, VE
Queridos todos:

¡Gracias a la bondad infinita de Dios, hemos podido llegar a festejar diez años de sacerdocio!
Como se podrán dar cuenta, ninguno puede jactarse delante del Altísimo de haber hecho algo digno de gracia tan inmerecida.

Es por eso, que en estos días, nos embriaga una alegría especial al pensar que el Señor no sólo nos eligió para ser sus ministros sino que nos eligió para seguir acompañándolo en Su Sacerdocio con la gracia de la Perseverancia.
 Doy gracias también a la Madre del Señor: ¡de cuántas cosas nos libró en estos años la Virgen María! ¡Cuántas lágrimas ha secado! ¡Cuántas alegrías nos ha regalado!

 Gracias también a una constelación de almas buenas que han colaborado y colaboran en nuestra vida sacerdotal: al padre Buela, a nuestras familias, a nuestros formadores, confesores y directores espirituales, a todos los miembros de nuestra amada familia religiosa, a las almas de nuestros apostolados, a todos los que sin conocerlos rezan y ofrecen sacrificios por nosotros.

 A todos ellos va este pequeño escrito como agradecimiento.

(1) Con gran alegría cedemos esta columna al amigo y hermano, el querido Padre Romanelli V.E., misionero en Tierra Santa, que cada año, en ocasión del aniversario de su Ordenación, se une a sus compañeros con una pequeña reflexión. Con gusto hemos querido hacer nuestro la reflexión de este año en que están cumpliendo sus primeros 10 años de Sacerdocio. Al ceder la columna, lo hacemos de manera especial ya que tanto el P. Romanelli como algunos de sus compañeros, entre ellos el Padre Christian Ferraro han sido miembros de la Comunidad de la Visitación. Es también una forma de renovar nuestro compromiso en la oración por la santidad de los Sacerdotes y alentar a nuestros lectores sacerdotes en la lucha de cada día. Encomendamos a Nuestra Señora a todos estos Sacerdotes que esparcidos por el mundo llevan la luz de Cristo y dan sentido a la vida de tantas almas.

 De ellos aprendimos a amar la vida. “¡La vida es hermosa!” me dijo más de una vez el padre Buela. Era lo mismo que escuchaba de mis padres: “¡La vida es linda, es hermosa!”

Es una gran verdad, que como sacerdotes no debemos nunca olvidar.
  

Me parece que una de las tentaciones más satánicas que se le puede presentar a un sacerdote, y a todo religioso, es la tentación de la melancolía.

¿Por qué me parece que sea satánica? Porque dicha tentación nos susurra a los oídos de nuestra ignorante alma: “todo tiempo pasado fue mejor”, o puede presentarse bajo otros aspectos… “y bueno no te casaste… ya está, ya perdiste la oportunidad de tu vida de criar hijos propios”… o incluso, más sutil aún: “¡qué increíble! tantos años de vida religiosa y de sacerdocio… y nada has hecho que valga la pena…”.

Todas se reducen al sentimiento engañoso de que el tiempo trascurrido es simplemente mejor que el presente y que el futuro.

Digo que es satánica dicha tentación porque afecta a la esencia misma del ser humano y de su fin sobrenatural… creado para Dios, para gozar de Él en la Eternidad… Eternidad de la cual aún no goza en plenitud… eternidad que manifiesta todo lo contrario de la tentación…

Nosotros estamos convencidos que nuestra consagración sacerdotal en el celibato ha sido, es y será fecundísima. Fecunda en buenas obras y fecunda en una verdadera multitud de hijos, a quienes engendramos verdaderamente para las Alegrías Eternas. ¡Somos verdaderos Padres!

A la tentación de melancolía deberíamos responder: “¡Ánimo! ¡Forza! “Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido” (Cantar 2, 11). ¡Animo! ¡Lo malo ha pasado! ¡Dios ha perdonado tus pecados! ¡Dios comenzó a vivir en Ti por la gracia! ¡Lo mejor aún no ha llegado… no te entristezcas! ¡Lo mejor está por venir!”

El Beato Pedro Fabro, uno de los fundadores de la Compañía de Jesús, y primer sacerdote jesuita, luego de mucha experiencia sobre desolaciones, consolaciones y escrúpulos, enseñaba: ¡El Espíritu de Dios es suave y suavemente nos reprende! En definitiva, aunque tengas pecados, los cuales pueden –desgraciadamente- ser graves… ni siquiera eso te debe hacer perder la gran confianza en el Señor. Ya que el Señor gozará en perdonarte, Él es Bueno. Por eso, ¡Fuerza! ¡No te desanimes! “Ya ha pasado el invierno, han cesado las lluvias y se han ido”.

Y eso que se aplica a la vida eterna hay que aplicarlo a esta vida. La vida es linda. No sólo la eterna sino también la terrena. ¡La vida es linda! La vida merece ser vivida. Y esto porque el Autor de la vida venció al pecado y a la muerte, y quiso asociarme a Su Vida.

Por eso hay que trabajar con gran esperanza, y por lo tanto con alegría. Con una alegría que por momentos no será entendida… ¿cómo reír cuando hay tanto mal en el mundo?... y sin embargo, trabajando con gran sacrificio para llevar hasta las últimas consecuencias la Encarnación, debo estar convencido de que “Dios es Alegría Infinita”, como decía Santa Teresa de los Andes, y que en Su Bondad, me ha hecho participar de su alegría: “Alegraos en el Señor, otra vez os lo repito, alegraos en el Señor” nos manda el Espíritu Santo.

No es imposible vivir esa alegría. Hemos tenido la gracia de conocer muchas personas verdaderamente alegres. Recordémonos, por ejemplo, del padre Guillermo Costantini. ¡Qué alegre que era! Y esa alegría habitual no era solamente algo natural como muchos pueden pensar, sino que era algo adquirido. Ciertamente que un buen carácter, como tenía, unido a una optima educación católica por parte de sus padres, hicieron de él un tipo feliz. Pero su constante alegría fue el fruto de su docilidad al Espíritu de Dios y a su esfuerzo por ver el bien más que el mal, como nos recordaba el padre Buela en estos días pasados en un Vox Verbi.

Cuando estábamos en Roma estudiando, y teníamos que salir casi de madrugada para llegar a la Ciudad Eterna a tiempo para celebrar la Misa antes de las clases en la Universidad, Guillermo nos hacía matar de risa cantando, entre otras cosas, el himno de “La Cruzada Del Buen Humor” – un programa radial de Buenos Aires de los años ‘65..-. La letra de lo que cantaba decía:

Cantando,

Con buen humor, cantando,

Vamos por todas partes

Risas desparramando,

Por eso la cruzada

Riendo a carcajadas

Trasmite a todo el mundo

Optimismo y buen humor.

 

Él nos contaba que se lo cantaba su papá cuando lo llevaba a la escuela. Se pueden imaginar también cómo Guillermo con la alegría que siempre lo caracterizó iba a veces manejando y cantando esto mientras se iba moviendo al ritmo marcado, y exagerado, del canto.

Nosotros sacerdotes deberíamos ser los seres más alegres. Los verdaderos cruzados del buen humor en medio de este mundo, no sólo tan impío, sino tan aburrido y triste. Deberíamos desparramar por todas partes optimismo y buen humor. Es signo de salud mental y espiritual, y por lo mismo, signo de verdadera pertenencia a la santa Madre Iglesia Católica y a nuestra Familia Religiosa del Verbo Encarnado… ¡que no queremos amargados en casa!

Nuestra alegría no pretende ser algo exterior y superficial sino algo que brota de una fuente interior y profunda, nuestro amor a Cristo. En efecto, la alegría de un sacerdote de Cristo es sólo Cristo, en Cristo, por Cristo y para Cristo. En él vivimos, nos movemos y existimos. ¡Él nos espera! Venzamos la melancolía, no es verdad que lo mejor ha pasado, ¡nada de eso!, ¡lo mejor estar por venir!: El encuentro definitivo con Cristo en el Gozo Eterno, y –mientras tanto- los años que nos quedan de vida en esta tierra a fin de crecer en méritos de buenas obras.

Por todo lo dicho es que podemos y debemos decir: ¡viva la vida! ¡Sea la vida terrena o bien, la vida eterna! Ya que cuando la vida terrena se vive en gracia no es otra cosa que una participación de lo que la otra será en plenitud, a saber: ¡Alegría Infinita!

¡Venzamos la melancolía! ¡Viva la Vida!

¡Feliz día de San Pedro y San Pablo!
¡Feliz décimo aniversario de ordenación sacerdotal!

P. Gabriel Eduardo Romanelli, VE

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