

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

¡Otro año más para dar gracias a Dios por la Ordenación sacerdotal!
Lo que escribo este año dice relación directa a las Manos de todo sacerdote y de algún modo se podría aplicar a toda mano consagrada e incluso de cualquier hombre o mujer de buena voluntad que use sus manos como el Señor quiere.
Hace unos años… y ya se van tornando bastantes, el Señor Dios decidió formar nuestras manos… y las formó en el seno de nuestra madre, muy poco tiempo después de habernos creado el alma.
Unas pequeñas manos, debilísimas, insignificantes manos, como si hubiese decidido el Altísimo que ya desde allí comiencen a acostumbrarse a alabarlo desde el Santuario de la Vida que son las entrañas maternas.
Pero el Señor quiso no solamente darnos esas manos… sino que quiso ungirlas con su Óleo sagrado…
Por eso es que a Él le pido que ellas nunca se alcen soberbias para desafiarlo, sino, por el contrario, que todos los días de nuestra vida se alcen sobre el Ara Santa para ofrecer al Padre el Único Sacrificio de Alabanza…
Quiero que nuestras manos, nunca sean manos malditas, usadas para sacrilegios y pecados, sino manos benditas, manos que se dediquen a bendecir personas, lugares y objetos, manos usadas para distribuir la gracia a todos… manos que como un manantial abundante, den a todos los sedientos el caudal de gracias que necesiten para quedar saciados…
Nuestras manos sacerdotales, no quiero que sean manos que trabajen innecesariamente el Día de descanso, y ni siquiera que trabajen pensando que el trabajo es todo para el hombre, nada de eso, quiero simplemente que sean manos que se cansen trabajando cuando deban hacerlo y cuanto deban hacerlo. Manos cansadas al punto de estar doloridas del trabajo y sudadas por el esfuerzo.
Nuestras manos ungidas no quiero que sean nunca manos impías, manos que desprecien a nuestros padres, a nuestros hermanos, a los seres humanos, en especial a los enfermos, a los débiles y abandonados…. Por el contrario, quiero que sean manos piadosas que consuelen y conforten, que sostengan y den de comer, que acaricien, den palmadas de ánimo y corrijan…
Nuestras manos, estas manos que el Señor nos dio y nos ungió no quiero por nada del mundo que sean manos asesinas, manos que desconecten a ancianos de sus necesarias ayudas para vivir, ni manos que arranquen a las criaturas del Santuario de la Vida para ser ofrecidos al Moloc moderno del dios aborto… ¡Dios nos libre!, Quiero que nuestras manos defiendan de obra y escribiendo a toda vida humana por más despreciable, inútil y molesta… que pueda parecer. Manos vivas que defiendan la vida… la vida natural y la vida sobrenatural…
Nuestras manos sacerdotales, no quiero que nunca sean usadas para infringir el sagrado límite de los castos mandamientos de la ley del Señor… No quiero que sacrílegas se acerquen al altar… Quiero que sean manos puras, virilmente castas, donde el Cuerpo del Señor Resucitado encuentre refugio y consuelo.
Estas manos nuestras no quiero que sean como las manos de Judas, quien robaba a su Maestro y a sus amigos lo que ponían de común acuerdo… no quiero que sean manos que firmen 10 cuando recibieron 5, ni que firmen 5 cuando recibieron 10… quiero que sean manos usadas para la justicia, manos usadas para dar a Dios lo que es de Él, y a cada hombre lo que le corresponde… manos justas… imparciales…
Nuestras manos no quiero que firmen cosas falsas y calumniosas… no quiero eso, quiero que defiendan siempre la verdad… la verdad Eterna de Dios o la verdad temporal del hombre con su destino eterno, la verdad de la Divinidad de Cristo… y la verdad de que una hoja verde es verde… aunque vengan degollando!
Manos que no busquen… que no codicien los bienes de los otros… ni su dinero, ni sus familias, ni sus posesiones… ni su fama, ni su nombre… sino manos que se ocupen en trabajar en lo que deben, buscando solamente la Gloria de Dios y la Salvación de las almas…
Quiero que nuestras manos que ya están consagradas con el Aceite Santo sean en las acciones lo que llegaron a ser por gracia en su ser… que sean las Manos de Cristo, las Manos del Señor… El cual se hizo carne para que constatemos a través de las obras de sus manos humanas, el poder de Su Mano Divina… a través de la bondad de sus manos débiles, la Bondad de todo su Ser, a través de la firmeza de sus manos, la firmeza de los principios eternos… inamovibles…
Nuestras Manos deberían estar crucificadas, como las del Señor. Es el único modo que den vida… de sus manos llagadas brota hace 2000 años la fuente de la Vida Eterna … y de toda mano crucificada brota por la fuerza del Crucificado las gracias para dar la vida a los hombres…
Jesús con sus manos trabajó, sirvió, llamó, bendijo, indicó, consoló, alzó los enfermos, tocó a los mismos curándolos… con sus Manos se dio como comida, con sus Manos abrazó a su Madre, con sus Manos tomó el bastón de apóstol y peregrino, con sus Manos distribuyó el pan a los hambrientos, con sus Manos nos absolvió… con sus Manos atadas nos liberó, con sus Manos sudadas nos refrescó, con sus Manos cansadas nos confortó, con sus Manos puras nos limpió.
¡Jesús con sus Manos cargó la Cruz … cargó nuestra cruz… con sus Manos perforadas nos salvó!
¡Feliz día de San Pedro y san Pablo!
¡Feliz XI aniversario de ordenación sacerdotal!
P. Gabriel Eduardo Romanelli, IVE
Tierra Santa, 23 de junio 2007
Diseñado por www.presentesyrecuerdos.com - Desarrollado por www.ledatasistemas.com.ar