

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

A todos aquellos que contribuyeron en mi formación catequistica
durante estos treinta y cinco años de vida.
En especial a mis padres, a los hermanos Corazonistas
y a los Santos Sacerdotes que Dios puso en mi camino,
Con particular cariño a los Padres Lojoya, Nadal, Sato, Pouse
y tantos otros que ayudaron y ayudan a nuestro crecimiento espiritual
Los gravisimos males de nuestro tiempo tienen «por causa primaria y principal la ignorancia de las cosas Divinas»(1)y esto es una «gran mancha» - en el decir de Pío XI- a las naciones católicas y a la Salvación de las almas. A esta ignorancia denunciada una y otra vez por los santos Pastores de comienzo del siglo XX, vino en su ayuda el «veneno doctrinal y moral»(2) que ha penetrado en el seno mismo de la Iglesia de manos del progresismo.
Muchos son, entonces, los hombres que caminan por el mundo «sumidos en la más completa ignorancia de las verdades necesarias para la salvación eterna»(3). Muy contrariamente a lo que muchos piensan, esta ignorancia, no esta dada de manera más dura en aquellos de condición humilde, aunque en los últimos años y con la fuerza del progresismo son muchos los humildes y pobres que han bebido de este veneno doctrinal. Pero también y fundamentalmente, diría yo, son sometidos a esta ignorancia, como bien afirma el Papa de la Catequesis, «aquellos que no careciendo de instrucción y talento, como lo prueba su erudición en las ciencias profanas, en materia de religión viven con lamentable temeridad y con ciega imprudencia. Es increíble la oscuridad que acerca de esto los envuelve y, lo que es peor, se mantienen en ella con la más perfecta tranquilidad»(4). Basta conversar con jóvenes universitarios y se vera cuanta es la ignorancia en las cosas de Dios, claro Dios no da rédito económico y entonces ¿cuan poco le dedicamos a conocerle y amarle? Porque ¿quien puede amar y seguir a quien no conoce?. No podemos dejar pasar sin decir que ciertamente en la educación de nuestras universidades y colegios no solo se ignora la fe sino que se ataca vilmente a todo lo católico. Siguiendo, seguramente aquello de que la religión es el «opio de los pueblos» se niega en pos de una supuesta libertad cuyas consecuencias están a la vista de aquellos que quieran verlas.
Todo el bien hecho al mundo es tirado al tacho de basura, se insulta y calumnia la Cristiandad, el tiempo en que el hombre había logrado estar en un mundo verdaderamente mejor y más sano, pero el lobo no tenía, el rebaño a su albedrío, porque había pastores santos y custodios del rebaño que no dudaron dar la vida por él, siguiendo e imitando al Maestro.
Y, con dolor lo decimos, no están exentos de esta ignorancia aquellos que pasan por nuestras Parroquias, colegios y universidades, basta conversar con los jóvenes o conocer sus costumbres para darnos cuenta que no hemos sido capaces de mostrarles a Cristo, el Verbo Encarnado que se hizo hombre para nuestra Salvación, ni para lograr que de El se enamoren, ni tengan una vida sacramental. Ni siquiera somos capaces de darles las herramientas para que puedan «discernir lo que es recto y aceptar lo que es bueno».
Nuestros seminarios religiosos, los profesorados catequisticos han bebido, en su gran mayoría, del veneno progresista y hoy vemos su esterilidad.
Busca el hombre entenderse pero no podrá sin Cristo pues, como afirma el Concilio, «el misterio del hombre solo se resuelve a la luz del Verbo Encarnado».
Estas cosas que aquí exponemos nos llevan, desde nuestra miseria, a reflexionar sobre la catequesis y su perfil, porque es menester que renovemos el anuncio del Dios Encarnado dado que corre serio peligro la salvación del hombre y hemos sido llamados a trabajar para que Cristo sea acogido por las almas de todos los hombres, si esto no ocurriere ¡hay del hombre! Pues como dice San Hilario «¿Qué hay más peligroso para el mundo que no acoger a Cristo?»
Misión de la Iglesia
La Iglesia ha recibido, de Cristo, la misión de anunciar a todos los hombres su Evangelio, por ello toda su obra «esta (...) ordenada a la santidad de sus miembros en Cristo»(5). Mediante el anuncio del Evangelio la Iglesia busca la conversión de las almas, una vez alcanzada la conversión, la Iglesia tiene la misión de acompañarle en el crecimiento de su fe.
Para muchos ese primer momento es el Bautismo para otros, en cambio, va en paralelo con la catequesis, ya que son muchos los niños y jóvenes que acuden a nuestras Parroquias sin haber recibido ningún alimento a su Fe y en algunos ni siquiera han recibido el anuncio de Cristo. Se transforma, entonces, en un componente muy importante en el proceso de evangelización, por ella la Iglesia quiere «hacer madurar la fe inicial y educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la Persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo»(6).
En virtud de ello, ha sido siempre para la Iglesia una tarea primordial sabiéndola no solo deber suyo, sino también un derecho. Ciertamente, afirma Pío XI, «es derecho inalienable de la Iglesia y a la vez deber suyo indispensable vigilar sobre toda la educación de sus hijos»(7).
Entiende la Iglesia, entonces, a la catequesis como «el conjunto de esfuerzos realizados (...) para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe ellos tengan vida en su nombre»(8). Este conjunto de esfuerzos es hacia todos los hijos sin distinción de edades, pero no podemos dejar de pensar que se concentra de manera clara en los niños y jóvenes que al estar formándose sus personalidades necesitan ciertamente de la ayuda de la Iglesia que les ilumine ante tanta tiniebla. Ella con «preciosa providencia maternal (ha) de preservar a sus hijos de los graves peligros de todo veneno doctrinal y moral». Ciertamente que «sin la recta institución religiosa y moral -como sabiamente advierte León XIII- «toda la cultura de las almas será malsana; los jóvenes no habituados al respeto de Dios no podrán soportar norma alguna de honesto vivir, y sin ánimo para negar nada a sus deseos, fácilmente se dejarán arrastrar a trastornar los Estados» (Enc. Nobilissima gallorum gens, 8 febr. 1884)»(9)
Son tiempos en que la catequesis necesita una nueva fuerza, sobre todo la catequesis de nuestros niños y jóvenes porque son muchos los que peregrinan por el mundo a la difusa luz del error, son muchos los que beben el veneno moral y doctrinal que nos hablan los Papas. Una «multitud innumerable (...) dominada aquí y allí por la incertidumbre y el miedo, o seducida por la evasión en la droga y la indiferencia, incluso tentada por el nihilismo y la violencia»(10). «Multitud innumerable» que marcha sin rumbo, que están a los gritos desde lo más profundo de sus almas dicen, como el Señor en el Madero, «Tengo sed». Sed de lo eterno, sed de comprenderse a sí mismos como personas, buscan desesperadamente y no encuentran a Cristo, el único que puede apagar esa sed, porque ha sido destronado de todos lados. No esta en los medios, no esta en la música, no esta en las librerías, no esta en las escuelas ni universidades, no esta en las familias y a veces no esta ni siquiera en las Parroquias. No escuchan la voz de la Madre Iglesia que anuncia con fuerza al Verbo Encarnado y la alegría de seguirlo aún en la Cruz, aún en el dolor.
Esta es la Misión primera de la Iglesia, esta es la verdadera «opción preferencial por los pobres», pues como decía la santa de mi abuela «pobre es el diablo que perdió la gracia de Dios», entonces, todo aquel que no conozca a Cristo vive en la pobreza de su alma, independientemente de su situación ecónomica. A ellos debe dirigirse primariamente la acción de la Iglesia.
Perfil de la Catequesis
Queremos desarrollar un pequeño perfil que ha de tener nuestra catequesis, siguiendo a los Pontífices.
Lo primero que debemos decir es que la catequesis tiene como principal misión el hacer conocer a Cristo, por lo tanto debe ser su centro. La catequesis necesariamente ha de ser Cristocentrica. Ni la doctrina del Párroco, ni la del catequista, ni la del exegeta o teólogo de moda sino la de Cristo, que esta contenida y enseñada por la Iglesia en su Magisterio, Ella ha sido constituida en custodia del «tesoro de la Fe».
Debe enseñar toda la obra de Dios en el mundo, todo el plan de Salvación. La creación, el pecado original y sus consecuencias, la existencia del demonio, el camino hacia la Plenitud de los Tiempos en que el Hijo de Dios se encarno, el decálogo de la Ley de Dios, la Encarnación en María Virgen, la Cruz salvadora y la Resurrección triunfante, sus enseñanzas, la Iglesia como «columna de verdad» e «instrumento de redención universal»(11), la oración como unión con Cristo y la vida de los Sacramentos como alimento y escudo para alcanzar la fe. Aquí también entrará por cierto, la Antropologia Cristiana que a la luz de la razon y de la Revelación ayudará al hombre a descubrir su ser trascendente, su destino en la vida sobrenatural.
El símbolo de la Fe el Credo ha sintetizado de manera admirable toda esta doctrina y la Iglesia a través de los tiempos ha elaborado estudios sistemáticos sobre esta doctrina ampliando y llevando a cada tiempo la misma doctrina, estos estudios son los llamados catecismos que han auxiliado a los fieles en el conocimiento de su fe.
Juan Pablo II dejó como herencia el Catecismo de la Iglesia Católica y junto a Benedicto XVI nos legó el Compendio de ese Catecismo que volviendo al estilo de preguntas y respuestas concisas son los vértices de la catequesis de nuestro tiempo.
En la catequesis no se puede suprimir, falsear o disminuir nada de la doctrina de Cristo y del Magisterio de la Iglesia. A cada edad y en cada momento se enseñara de manera distinta en la forma pero no en el contenido. Diremos, utilizando lenguaje de comunicación, puede cambiar el «como» pero no el «que». Ciertamente no es lo mismo hablarle a un niño de seis años que a un universitario, aunque quizás en ambos debamos darles catecismo básico. El contenido pues de la catequesis será el mismo cambiara la forma de comunicarlo.
Quien recibe la catequesis, afirma sabiamente Juan Pablo II «tiene derecho a recibir la «palabra de la fe» no mutilada, falsificada o disminuida, sino completa e integral, en todo su rigor y vigor. Traicionar en algo la integridad del mensaje es vaciar peligrosamente la catequesis misma y comprometer los frutos que de ella tienen derecho a esperar Cristo y la comunidad eclesial»(12).
La catequesis ha de ser:
Perfil de la Catequista
Hemos visto cual ha de ser el perfil de la catequesis, ahora nos atrevemos a delinear un perfil de catequista, pues como dice San Pío X es «mucho más fácil es encontrar un orador grandilocuente y fecundo, que un catequista perfecto»(14).
Primero debemos definir a quienes nos referirnos cuando hablamos de catequistas, porque en verdad son muchos los que colaboran en este oficio de la Iglesia. No nos referiremos de manera expresa aquí a los Obispos, Sacerdotes y Diáconos que tienen en virtud del Orden la tarea primerisima de la catequesis. Tampoco queremos hacerlo, aunque de suyo estén incluidos, a los padres y padrinos. Enfocamos, en cambio, nuestras palabras hacia los que colaboran con la jerarquía en las Parroquias y colegios prestando este «servicio, por el celo de la gloria de Dios», queremos incluir también aquí a aquellos que cumplen la maravillosa vocación de la docencia, sin circunscribirnos a aquellos que enseñan la materia religión o catequesis, pues aquellos que enseñan las ciencias profanas siendo hijos de la Iglesia, por el Bautismo, tienen la grave obligación de trabajar y comunicar el mensaje del Evangelio a todos aquellos que Dios ponga en su camino, no solo en colegios católicos sino también en colegios laicos, teniendo ahí la gran tarea de la Evangelización, el anuncio y la enseñanza de la Verdad, iluminando con la luz del Evangelio la ciencia que enseñan. Los dirigentes de grupos parroquiales no están excentos de esta responsabilidad catequística, ya que deben ser luz para sus dirigidos y mostrarles a Cristo no solo en las charlas de formación sino en todas las actividades que se organicen, si falta este contenido tendremos grupos (como de hecho hay muchos) de amigos que se reúnen en las instalaciones de la Parroquia tal si fuera un club, ciertamente, los grupos parroquiales, independientemente del carisma propio, deben caracterizarse por ser escuelas de fe, oración y de caridad, entendiendo a esta en toda su expresion de amor a Dios y amor a los hombres por amor a Dios y no mero sentimentalismo que haga obras vacías de todo contenido.
Queremos por ultimo incluir también a aquellos que hacemos periodismo católico, también nosotros tenemos como primera misión la difusión de la Verdad.
Habiendo determinado a quienes nos referimos diremos cuales ha de ser el perfil que este debe tener.
Concluimos, querido lector, estas reflexiones invocando a la Santísima Madre, Sede de la Sabiduría, para que cada uno de los que hemos sido llamados a colaborar en esta primerisima tarea de la Iglesia, podamos hacerlo en la fidelidad al Magisterio y con enorme celo apostólico. Ponemos también como intercesores al mismo San Pío X y a todos los santos catequistas que han consumido sus vidas por la enseñanza del Evangelio, en especial aquellos que expusieron y dieron su vida por no apartarse de su misión.
Suplirá, sin duda, la Gracia la enorme deficiencia de la pluma, que se atreve a estas reflexiones con el solo fin de contribuir a la Salvación de las almas y para mayor Gloria de Dios.
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Marcelo Eduardo Grecco
Versailles, junto a la Virgen de la Salud
(1) San Pío X Carta Encíclica Acerbo Nimis (AN) 1
(2) S.S. Pío XI Carta encíclica Divini Illius Magistra sobre la educación cristiana de la juventud (D.I.M.) 7
(3) AN 1
(4) Idem
(5) Catecismo de La Iglesia Católica (CIC) 773
(6) Juan Pablo II Carta Encíclica Catechesi Tradendae (CT sobre la catequesis de nuestro tiempo)
(7) DIM 7
(8) CT 1
(9) DIM 7
(10) CT 35
(11) Declaración conciliar Lumen Gentium (LG) 9
(12) CT 30
(13) CT 21
(14) AN V
(15) CT 6
(16) CT 6
(17) AN V
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