

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Para quien que camina por el mundo, con una mirada atenta, no puede pasarle desapercibido su tristeza y ese gusto a fracaso, y frustración que vemos en los rostros que nos miran o en las quejas que escuchamos cuando pasan a nuestro lado. Se puede ver sus «almas desorientadas que sienten el deseo alocado de llenarse de vida real, de orientaciones; y no hallan a su alrededor más que un mundo de gentes que corren como ellas, llenas de aturdimiento, y sin otras aspiraciones que las de disfrutar de lo que encuentran a su paso»(1) El consumismo y el horizontalismo que ha sumido al hombre en la búsqueda alocada de lo frágil y perecedero(2).
«Vida inquieta, frenesí
de la ambición desmedida....
¡Que mal comprende la vida
el que la comprende así!»
«La vida no lo merece;
que esa ambición desmedida
es planta que no florece
en los huertos de la vida»(3)
Corremos de un lado a otro para alcanzar mucho y tenemos poco, pues buscamos erradamente y solo conseguimos lo que no llena, lo que no nos rinde, lo que no nos sirve para nuestro fin que no es que tengamos a la tierra como “ciudad permanente”(4) sino como lugar de destierro y “exilio”(5)., pues hemos sido llamados a ver «cara a cara» a Dios Nuestro Señor y entonces lo que acumulemos para el tiempo no nos sirve pues hemos de atesorar bienes que nos ayuden a ese fin al que estamos destinados, de lo contrario nunca podremos alcanzar la felicidad y la verdadera alegría.
«No amontonéis tesoros en la tierra, donde polilla y herrumbre (los) destruyen, y donde los ladrones horadan los muros y roban.» (MT6, 19), dice el Señor, no busquéis en esos bienes la alegría porque no la encontraréis y por el contrario si en ellos tenéis puesto todo vuestro amor, la tristeza y la frustración se apoderaran de ti.
Apenas un instante y todo se desvanece. Nunca como en estas horas en que nos azola la inseguridad somos testigos de esto. ¿Para que tanto esfuerzo? Y ha estado bien el esfuerzo pero ¿atesoraste algún bien para la vida eterna? ¿Y la vida de la gracia y la santidad no cuentan en tu ambición?
Dios ha dado un primer mandamiento y allí esta la clave de nuestra felicidad, de nuestra victoria «Amar a Dios sobre todas las cosas», no buscar otra cosa que el Amor a Dios, sabiendo que todo lo tenemos por su Misericordia, entonces debemos subordinar todo a El, confiar en El,. Cuando somos capaces de semejante acción encontramos la alegria, la felicidad, ahí nos sentimos victoriosos aún derrotados por el mundo. Como decía la Madre Maravillas: «Lo que Dios quiera, cuando Dios lo quiera y como Dios lo quiera»; o aquella formula que enseñaba Maximiliano Kolbe mi voluntad subordinada a la Voluntad de Dios es igual a la santidad (felicidad) v = V = S.
No podemos nunca sentirnos frustrados, de alguna manera la frustración demuestra falta de esperanza, de confianza en el Señor, sobretodo si buscamos con sinceridad alcanzar nuestro último fin, si somos concientes de nuestra misión, pues :«el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Diosnuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma»(6).
¿Porque inquietarnos por hoy, si es apenas un instante? Mas grave es la eternidad que puedo perderla sin mas. «Por esto os digo: no preocupéis por vuestra vida: qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. (...) vuestro Padre celestial ya tiene necesidad de todo eso. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia y todo eso se os dará por añadidura»(MT6, 25-33)
Amigos ¿dónde esta nuestra victoria, sino en el madero de la Cruz? ¿sino en el Sepulcro vacío, porque el que ha sido enterrado que ha vencido a la muerte con su Resurrección. Todo lo demás es fracaso, sino esta subordinado y no busca esa victoria final.
Amigos nuestro mundo no vive la sencillez de la vida cristiana muy lejos puede, entonces, vivir y comprender su victoria.. José María Peman en su elogio a la vida sencilla nos traza quizás la forma de conseguir tan hermoso bien.
«Ni voy de la gloria en pos
ni torpe ambición me afana;
y al nacer cada mañana
tan sólo pido a Dios:
casa limpia en que albergar,
pan tierno para comer,
un libro para leer
y un Cristo para rezar;
que al que se esfuerza y se agita
nada encuentra que le llene,
y el que menos necesita
tiene más que el que más tiene.
Quiero gozar cuanto pueda
Y, con acierto y medida,
Gastar moneda a moneda
El tesoro de la vida;
Mas no quiero ser jamás
Como el que amontona oro
Y no goza del tesoro
Por acrecentarlo más.
Quiero gozar sin pasión,
Esperar sin ansiedad,
Sufrir con resignación,
Morir con tranquilidad;
Que al llegar mi postrer día,
Quiero pensar y decir:
«Viví como viviría
si ahora volviera a vivir;
viví como un peregrino
que, olvidando sus dolores,
pasó cogiendo las flores
de los lados del camino;
cantando he dejado atrás
la vida que recorrí;
pedí poco y tuve más
de lo poco que pedí.
(...)
He resuelto despreciar
Toda ambición desmedida,
No pedirle a la vida
Lo que no me puede dar.
He resuelto no correr
Tras un bien que no me calma;
Llevo un tesoro en el alma
Que no lo quiero perder,
Y lo guardo porque espero
Que he de morir confiado
En que se lo llevo entero
Al Señor que me lo ha dado.
Supla la gracia la deficiencia de la pluma
Marcelo Eduardo Grecco
Versailles, junto a la Virgen de la Salud
2 de febrero de 2007
Fiesta de Nuestra Señora de la Calendaria
(1) Luis J Actis «Caminos de Elevación» Librería Editorial Santa Catalina Bs. As. 1947
(2) Cif Leon XIII Rerum Novarum 15
(3) José María Peman «Elogio de la vida sencilla»
(4) Pio XI Divini Redempori 44
(5) León XII Rerum Novarum 15
(6) San Ignacio de Loyola Ejercicios Espirituales, Principio y Fundamento
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