

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Estamos ya cerca de la Semana Santa, del Viernes Santo, donde contemplamos año tras año a Cristo Crucificado. Contemplamos las manos y pies del Maestro traspasados por los clavos del dolor y del pecado del hombre, también del mío y del tuyo; las sienes del Señor traspasadas por las espinas de la traición; su costado abierto por la lanza del odio; su cuerpo despojado abruptamente de sus vestiduras por la envidia; su rostro escupido por la saliva de la soberbia de aquel quien no reconoce el origen de su poder.
Contemplemos a Cristo Crucificado en el Madero Triunfal, para el hombre de fe, y que es escándalo y locura para el hombre que no le reconoce como su Dueño y Señor. Es allí en la Cruz donde el Verbo Encarnado nos abrió de par en par las puertas del Cielo, pero a esas puertas no se llega fácilmente sino que hay que realizar el mismo camino de Cristo, hay que seguirlo hasta el extremo, hay que subir al Golgota y crucificarnos con Él. Para ello en su infinita misericordia nos ha dado una Cruz a cada uno de nosotros, en efecto «cada hombre tiene su cruz con peso y medida,(..) ¿y quien da el peso de esa cruz ?. Ten(emos) que remontar(nos) al tratado de la Divina Providencia en donde "el mas sabio y el mas bueno de los Padres", pone con justeza el peso y la medida de cada cruz para cada uno de aquellos que nacen sobre esta tierra, que han nacido y que nacerán; porque bien decía San Agustín "que la cruz es la nueva barca de Noé que nos va a conducir a las orillas eternas" no hay otra, la cruz. Por eso cada hombre tiene una cruz, es una cruz, esa cruz que quiso llevar el Señor hasta el calvario " porque nos amo primero -dice Juan- y entregó su vida por nosotros"» (1).
Este es, queridos hermanos, el tiempo propicio para contemplar nuestra cruz unida a la Cruz de Cristo. Nuestro sufrimiento solo encuentra sentido en Cristo, pero en Cristo Crucificado. Es el tiempo propicio para meditar sobre nuestra Cruz, que nuestro Padre nos da en miras a nuestra Salvación. Su misericordia y Bondad no nos permite pensar que nuestras fuerzas no pueden llevarla, porque Él sabe mejor que nadie cual es nuestro limite, por eso la da en el justo peso y medida, ni más, ni menos de lo que nuestras fuerzas pueden cargar.
Pero el Padre Bueno sabe de nuestras debilidades y flaquezas, por eso mando a su Hijo para que haciéndose en todo, menos en el pecado, igual a nosotros portara sobre sus hombros el sufrimiento de todos los hombres que han de nacer en la historia,. Pero nos pide el gran esfuerzo de llevar nuestra cruz, que a veces parece imposible de cargar y hay momentos de dolores inmensos en que nuestras fuerzas se agotan, allí esta la Iglesia que el Hijo Amado ha dejado para acercarnos la Gracia de los Sacramentos, de las fuerzas inmensa que ellos nos dan, y por si fuera poco junto a nosotros esta la Madre de Dios como lo estuvo al pie de la cruz de Cristo.
No es fácil, pero el Padre Bueno nos da los medios y las Gracias para poder caminar junto a Cristo y arribar con El al Puerto de la Salvación. Ciertamente la única manera de Salvarnos es asociando nuestra cruz a la Cruz de Cristo Salvador. Pero la aceptación de nuestra Cruz no puede ser una aceptación egoísta, esto es en vistas de nuestra Salvación, sino que debe ser perfecta como la de Cristo y entonces ha de ser de Sacrificio de entrega por los demás, nuestra cruz debe encontrar un sentido, un ofrecimiento y entonces el yugo del dolor, la subida al monte Calvario se hace mas liviana, mas dócil, mas suave.
¿Y porque lo ofrezco?...
Por tantas cosas, amigo mío, por tu familia, por la conversión de los cercanos: padres, hijos, hermanos, tíos, primos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo; por la conversión de los que no conocemos: hay tantas almas que necesitan conocer y amar a Cristo, tantos que tienen sed de su amor y no pueden por la dureza de su corazón, nuestro sacrificio puede ayudar a que se ablande; nuestra Patria en ruinas necesita del sacrificio de sus hijos; nuestros enemigos, aquellos que nos ofenden, que lindo imitar al Maestro ofreciendo nuestro dolor por ellos: "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen"; la Iglesia; las vocaciones Sacerdotales y la santidad de los Sacerdotes, tan necesaria en nuestros días y a la vez tan ausente.
Solo así, querido amigo, nuestra cruz encuentra sentido, solo unida a la Cruz Redentora del Señor, pues ella en el monte Golgota atrae hacia si todas las cruces de los hombres y las une en un único Sacrificio, ese que contemplamos en el Viernes Santo. Que esta Semana Santa nos sirva para contemplar y asumir nuestra cruz unida a la única y verdadera Esperanza la Cruz de Cristo, solo de esta manera podremos vivir la Pascua de Resurrección plenamente.
Este es nuestro deseo para el corazón de cada uno de nuestros lectores: una cristiana Semana Santa y una feliz Pascua de Resurrección.
(1) Padre Carlos Lojoya Homilía sobre la Cruz, Parroquia Nuestra Señora de la Visitación
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