Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

La Cruz, Prioridad En La Evangelización

Vivimos en un mundo sin esperanza o lo que es peor basado en falsas expectativas sobre el devenir humano; es la nuestra una sociedad que tiene un sentido horizontalista de la vida, lo que lleva al hombre a perder su dimensión de trascendencia. Sin duda que en esto han tenido gran influencia  las filosofías que dominaron la edad moderna y que hoy llegan a su apogeo a través de la “Nueva Era” «que aunque no siempre excluya lo religioso, pero lo vacía de trascendencia» (1) .

Sociedad “Solitaria” pues le falta Dios, en ella el hombre es quien  - como dijo el Padre Julio Menvielle - «en lugar de mirar hacia arriba, esta mirando como los bueyes, hacia abajo, hacia la tierra(2), es esta la causa del «desorden interior del hombre», por el cual se sume en el tenebroso camino de la desesperanza.

La sola esperanza en el mundo terreno y la visión horizontalista del hombre moderno lo lleva a esperar “vivir para siempre” en esta tierra; lo lleva a buscar el buen pasar tanto en lo económico, en lo afectivo, como en la salud; busca vivir sin sufrir y entonces comienzan las largas peregrinaciones en busca de soluciones milagrosas: en los “Curas sanadores” ( ¡como si todo Sacerdote no tuviese la Gracia de curar!, cuando «en la Persona de Cristo» absuelve a los que con humildad se reconcilian en el Sacramento de la confesión o cuando lleva el «viático» a los enfermos), en los seres que se auto-atribuyen ciertos “poderes” y que hacen su propaganda en los nefastos programas de nuestra degenerada televisión; en los “pastores de cines”, las sectas que han copado las radios con sus audiciones, los padres Pedro, Los hermanos Miguel y cuanto cachibache mediatico se aparezca, que hacen una “pastoral” de su excelente negocio; en el recorrido por los grandes Santuarios, sin entender y sin que nadie les explique el verdadero mensaje que Nuestro Señor nos da en nombre de sus Santos y de su Purísima Madre, esto es, modelos que en sus vidas han reflejado al Divino Modelo, JESUCRISTO, muestra clara de lo que afirmamos es la compra a la salida de los Santuarios de imágenes con la ristra de ajo o con la cinta roja, las velas de diferentes colores para cada cosa  o el pase por la computadora que les brinda la carta astral. En fin una clara muestra de la “Biblia junto al calefón”(3).

Pero esto no es todo, el hombre busca el “buen pasar” y lo busca a través de las millonadas de juegos de azar que hay en la actualidad. En esta cultura que nos toca vivir hay una profunda «adoración del cuerpo», y por ello se busca la “eterna juventud” a través de las cirugías estéticas o las largas internaciones en clínicas extranjeras, en busca de una belleza externa que logran una nueva definición de la persona: «unión de cuerpo, alma y siliconas, ostentando las prótesis en vez de la belleza que Dios les dio.(4)

El mundo del consumismo, la falta de amor y la «cultura de la muerte», llevan al hombre joven a buscar en la droga, el alcohol, y en peor de los casos en el «suicidio directo» la falsa solución a la «soledad de afectos» que los afecta de manera especial. Los jóvenes desprecian la vida o en el mejor de los casos han perdido el sentido de ella, cuando andan como locos en los autos o en las motos (verdaderas armas asesinas). Este terrible panorama que hemos presentado tiene su mayor expresión en la terrible acción del desprecio de la vida inocente, nuestro futuro, nuestra esperanza.

¿Quién no revive ante la llegada de un niño, ante su risa, ante su grito inocente y bello?, ¿qué casa no se alegra con la presencia de un niño?; sin duda que solo aquellas personas que no comprenden que el niño es un hermoso regalo de Dios y se conforman con dedicar su vida al cuidado de gatos y perros, ya que estos quizás necesiten muchos cuidados aún caros pero no necesitan tanto afecto ni dedicación como los niños, con ellos su egoismo se les hace “menos”  culpable. Cuántos padres se asustan ante las dificultades económicas que puede traer una boca más ¿No confían en la Divina Providencia? Cuántos no quieren asumir el compromiso de resignar su nivel de vida y de realizar el acto hermoso y lleno de amor de “sacarse la comida de la boca” en beneficios de su prole.

No, en esta sociedad individualista, es más fácil asesinarlos en el seno materno sin darle la posibilidad de ejercer el más importante de sus derechos como humano, EL DE LA VIDA, que olvidan las organizaciones que dicen defenderlos.

Ante el oscuro panorama presentado el lector se preguntará: ¿A dónde se quiere llegar? ¿Expondrá alguna solución o se dedicará -como Discepolo en su “Cambalache”- a mostrar el triste acontecer?. Por lo que deberemos responder que nosotros no podemos dar ninguna solución, pues la misma ya fue dada hace dos mil años cuando “El Verbo se Hizo Carne”, a quien el hombre rechazó y rechaza hoy, en su solo deseo de mirar hacia su humanidad, en vez de «mirar hacia arriba», hacia su Fin último.

Ciertamente que la respuesta a lo expuesto esta en la aceptación de la cruz personal uniéndola a la de Cristo y con ella unirnos a nuestros hermanos en su dolor, en su cruz. En efecto por ese sacrificio nuestro, no solo,  expiramos nuestros pecados y nos hacemos dignos de «la Casa del Padre», sino que podemos auxiliar a nuestros hermanos en la expiación de sus pecados y a sobrellevar sus dolores; no solo de los mas cercanos sino de todo aquel que sufre en este “valle de lagrimas”. Así lo han entendido los Santos que no solo aceptaron su sufrimientos como un «regalo de Dios», sino que lo ofrecieron por todos: Vayan dos ejemplos, uno el de la Beata Laura Vicuña, quien ofreció su enfermedad por la conversión de su madre, o el de Santa Teresita del Niño Jesús(5) quien con su sufrimiento hizo tanto bien a las misiones de la Iglesia a punto de haber sido nombrada «Patrona Universal de las Misiones» sin haber salido de su Convento.

La búsqueda del hombre de la felicidad lo lleva a encontrarse con la disyuntiva de elegir entre dos caminos: El del mundo o el de Cristo. El del mundo se presenta engañosamente, dando una felicidad pasajera, que termina, que se acaba y sume al hombre en una profunda desesperación que lo lleva al suicidio directo o al indirecto, a través de la droga, del alcohol, etc.

Podríamos decir que el camino que presenta el mundo es amplio, llano, floreado con rosas sin espinas, una panacea que culmina en un tenebroso pantano con una profunda tiniebla del cual no se puede salir. Por el contrario el camino de Cristo es un camino angosto, empinado, pedregoso, lleno de espinas y culmina en un Calvario, en una Cruz la que atrae a todas las cruces de los hombres, uniéndose en un solo Sacrificio de Amor y de entreha que abre las puertas de un hermoso jardín bellamente iluminado por una gran Luz que no encandila y donde solo se escuchan cantos de hermosa Alabanza de los Bienaventurados que han podido después de tanto dolor contemplar “cara a cara” a Nuestro Creador. Allí se encuentra la verdadera Felicidad la que perdura por los siglos de los siglos.

Estamos caminando los primeros pasos del tercer milenio, llenos de las Gracias y del entusiasmo del  Gran Jubileo, nos toca estar en un tiempo donde no se conoce a Cristo y mucho menos a un Cristo Crucificado; es, sin duda, un tiempo propicio para la Misión que es permanente en la Iglesia; pero que hoy la pide Cristo con mayor fuerza a través de su Vicario cuando nos llama a una “Nueva Evangelización”; que no es un Evangelio nuevo -como pretenden algunos- sino el mensaje de Cristo anunciado con renovada fuerza a ejemplo de los grandes misioneros de ayer.

Esta «dramática hora de la historia»(6) hace que la evangelización tenga ciertas prioridades y la más imprescindible de ellas es la de anunciar la “Buena Nueva” de la Cruz “única esperanza”. Debemos como Iglesia de Cristo enseñar a amar y vivir la cruz personal en intima unión a la Cruz de Cristo; esa cruz personal que «el mas sabio y el mas bueno de los Padres, pone con justeza el peso y la medida de cada cruz para cada uno de aquellos que nacen sobre esta tierra, que han nacido y que nacerán; porque bien decía San Agustín "que la cruz es la nueva barca de Noé que nos va a conducir a las orillas eternas" no hay otra, la cruz»(7).

Ciertamente no alcanza con intentar dar paliativos a los problemas materiales, convirtiendo a nuestras Parroquias en centros de acción social; no alcanza que desde la Cátedra se hable de un amor sensiblero incapaz de mover a “dar la vida por el amigo”, incapaz de darse hasta que duela; no alcanza nada de esto para que el hombre alcance su verdadera dimensión de trascendencia, su esperanza en Dios, para que el hombre sepa para que nació como nos propone a pensar el poeta:

Yo, ¿para qué nací?. Para Salvarme.
Que tengo que morir, es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme,
triste cosa será, pero posible.

¡POSIBLE! ¿Y rió, y duermo, y quiero holgarme?
¡POSIBLE! ¿Y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago? ¿En qué me ocupo? ¿En qué me encanto?
Loco debo ser pues no soy santo.

En efecto hay que mostrar al Cristo Todo, no solo buscar los aspectos sensibles como hombre que fue, sino al Verbo que se hizo hombre para hacernos Verbo, a través de una Cruz, no por otro camino, El se aplico a sí «la muerte que al hombre aterra»(8), cambiando así el sentido al sufrir humano, el cual era considerado como un castigo y a partir de la Cruz en la que solo se gloría San Pablo, se transformo en un bello «regalo de Dios», muestra clara de su amor, por el que nos hace participes de su Sacrificio y así nos hacemos dignos de cantar junto a la Virgen y los Santos eternas alabanzas. Es necesario que esto lo anuncie sin miedo la Iglesia, desde la Cátedra, en las esquinas, en las plazas(9), con la vida.

El mundo nos habla de cosas sensibles, la Fe Cristiana eleva al hombre hacia lo  espiritual. Una Fe en Cristo no puede ni debe ser parcial eligiendo lo que nos conviene porque «lo siento», o se elige a Cristo Todo y en Todo o no se lo elige. Es la Iglesia -me refiero a todo el Cuerpo místico: Obispos, Sacerdotes, Consagrados, Dirigentes, Laicos en general- la que debe anunciar a Cristo Todo: al Niño de Belén, al Maestro, al Crucificado, al Resucitado, y a aquel que Vive y Reina junto al Padre por siempre. Si no anunciamos a Cristo en su total dimensión de Dios Encarnado, lejos estamos de ayudar al hombre a conocerce a si mismo, a esbozar siquiera un intento de mirada ihacia su propio ser, pues el misterio del hombre, como afirma el Concilio Vaticano II, sono se resuelve a la luz del misterio del Verbo Encarnado.

Solo anunciando a Crito la gente le conocerá y por tanto  tendrá Fe, pues nadie cree en quien no conoce; nadie espera en quien no cree y nadie ama a quien no conoce, cree y espera. Solo conociéndole a El Todo, se puede tener Fe, Esperanza y Caridad camino cierto para paliar la desesperanza del mundo; pues solo la «certeza de nuestra Fe nos lleva a mirar con esperanza el futuro»(10).

(1)  C.E.A. (Comisión de Fe y cultura) Frente a una Nueva Era. Oficina del libro 1993

(2)  Homilía de P. Menvielle en la Parroquia San Bartolomé con ocasión de la Primera Misa del R.P. Carlos M. Buela.

(3) Basta con ver las vidrieras de la gran cantidad de “diablerias” que hay frente a San Cayetano de Liniers.

(4) En esta “adoración” del cuerpo ha llevado a gran cantidad de adolescentes a la enfermedad. (anorexia, bulimia, etc)

(5) "HE LLEGADO A NO PODER SUFRIR  PORQUE ME ES DULCE TODO PADECIMIENTO"

(6) Juan Pablo II Cristefidelis laici -3-

(7) Padre Carlos Alberto Lojoya. Homilía sobre la Cruz, ofrecida en la Parroquia de la Visitación

(8) R.P. Leonardo Castellani “Payada a la Virgen de Lujan”

(9) Juan Pablo II, Discurso de clausura de la jornada mundial de la juventud en Denver en 1993

(10) C.E.A. «Cristo camino nuevo y Vivo» Declaración de 72º Asamblea Plenaria. San Miguel 9./11/96. Aica Doc. 382

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