

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Contemplando la historia del Señor y la Virgen del Milagro, uno puede ver como un pueblo ante el temblor de la tierra volvió sus ojos y su corazón a Cristo y a Cristo Crucificado, ante Él y su Madre doblaron las rodillas y se convirtió en un pueblo orante, un pueblo dispuesto a la Voluntad de Dios, un pueblo de fe, de una fe que cultivada y bien atendida por los misioneros de entonces perduro en la raíz misma del pueblo salteño.
"Queremos ser un pueblo de pie", rezaba una parte del lema de la última peregrinación a Lujan. Un pueblo de pie, ciertamente, ante la degradación moral en la que nos estan sumergiendo; De pie para defender y restaurar la familia, tal y como lo manda Dios: hombre y mujer unidos, para toda la vida, en una sola carne, en un solo espíritu, dispuestos a darse el uno al otro juntos a Dios, colaborando con Él en su obra creadora dando vida y educando a sus hijos, unidos hasta la muerte; Un pueblo de pie ante la degradación de la sexualidad, un pueblo dispuesto a no dejarse engañar por leyes falaces que solo promueven la cultura de la muerte, de pie para la defensa del amor verdadero, de la castidad, de la virginidad, valores siempre permanentes que encubren en sí mismo toda la teología del Amor de Cristo y del amor a Cristo, y del amor por Cristo. Un pueblo de pie para la evangelización en el Verbo Encarnado, para hacer descubrir al hombre su dimensión sobrenatural, su vocacion universal a la santidad.Un pueblo de pie para la conquista de los corazones para Cristo, que le reconozcan como su Rey y Señor, y si reina en el corazón de los argentinos, reinara en el corazón de nuestra patria, entonces, guiados por Cristo Rey y por su Iglesia, estaremos de pie para restaurar de sus ruinas la patria que soñamos y que diseñaron los verdaderos patriotas que heroicamente murieron por Dios y la Patria en el campo de batalla.
Pero si queremos ser un pueblo de pie debemos, como aquel pueblo salteño, hincarnos de rodillas ante Cristo Crucificado y solo ante Él y su Purísima Madre. Desgastando nuestras rodillas ante su presencia Real en la Eucaristía pidiendo por la Patria, desgranando las cuentas del Santísimo Rosario pidiendo la dulce intercesión de la Virgen. Solo si somos un pueblo de rodillas ante el Señor y su purisima Madre, solo si somos un pueblo de oracion, podremos ser ser un pueblo de pie ante todo lo que no es Dios.
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