

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

No hay lugar para el egoísmo en el amor, si hay egoísmo no existe el amor. En nuestra sociedad vive en el egoísmo y es la causa principal de su desintegración y la destrucción de su célula básica: La Familia.
En el amor esponsal hay generosidad, entrega, renuncia. Hoy por todos los medios se nos difunde que los esposos deben “hacer la suya”, sin importar el otro o a lo sumo que le importe en tanto y cuanto no se interponga en mi proyecto personal. La propia realización esta, hoy, por encima del proyecto de los esposos y muchas veces los intereses personales están por encima de los hijos, los cuales se convierten en seres depositados en escuelas, cuando no abandonados a su sola suerte en la calle, camindo sin rumbo.
El amor descansa en el Amor. En el matrimonio cristiano los esposos se realizan en el cumplimiento de su vocación en forma conjunta, esto es procuran ser santos ambos esposos y en la unidad de su amor dan todo a sus hijos para que tengan claro el camino de la santidad.
Los esposos encuentran la felicidad, que es la sonrisa del alma, cuando cumplen la voluntad de Dios, aunque esto sea doloroso y a pesar de las dificultades. Los esposos deben saber confiar en la providencia, a quien ciertamente deben ayudar, la Providencia de Dios es generosa con aquellos que son generosas con la providencia.
A nadie le escapa la vida matrimonial tiene un sin fin de dificultades, el duro yugo se puede llevar porque los dos son uno y es en esa unidad, sin duda “el amor es mas fuerte” cuando esta sostenido en el Amor. Si esta fundado en la Piedra Angular que es Cristo no habrá tormenta, ni terremoto que pueda destruir el edificio de la familia.
«La base y fundamento del amor matrimonial es la atracción y unión de los corazones» -dice San Agustín- y esta unión de los esposos, es preparada fundamentalmente en el casto y puro noviazgo cristiano y se muestra mas aún en la fidelidad y el ejercicio de la castidad dentro del matrimonio. Esta unión de los corazones se hace aún mas visible en el final de los días, cuando ya la carne es frágil, en la enfermedad y en la muerte cuando esos corazones se separan y el quiebre es un hermoso sacrificio que Dios le pide a uno de ellos.
Se unen los corazones para Dios y colaboran con Él en la generación de vida, en la formación de la prole y siendo para ellos el rostro vivo de Dios Padre.
Pero si bien en la unión de los corazones los esposos se fortalecen, nadie puede dudar de la necesidad de la Gracia que solo se obtiene en los Sacramentos y en la vida de oración para poder llevar adelante la sociedad. Son los Sacramentos bien recibidos la efectiva vacuna contra los virus que afectan y están destruyendo a nuestra sociedad.
La oración, y en especial la oración del Santo Rosario, de la familia hace que la familia permanezca unida y se fortalezca para que sea “fuerte como el roble, que no tuerce el vendaval”. Los esposos deben rezar juntos y cuando vengan los hijos han de rezar a su lado, cuando bebes y con ellos cuando más grandes, enseñándoles a rezar y conociendo a su Padre de los Cielos y a la Santísima Virgen María, que sepan depositar toda su confianza en Ella.
Los matrimonios modernos le faltan muchas de estas cosas y al menor viento se parte, se quiebra dejando grietas insalvables en los hijos. Peor aún aquellos que buscan no tomar el compromiso formal de la formación de una familia dejando todo a la deriva de acuerdo a lo que pase “si va bien seguimos”, “si no nos llevamos bien largamos todo”, aunque en ese todo estén contenido los hijos.
La familia cristiana hay amor, fundado y sostenido por el Amor que se brinda en los Sacramentos. La fortaleza de los esposos comienza en el noviazgo cristiano, en la unión de esos corazones, en la oración que los une aun más. Allí en el noviazgo es el momento ideal para que los corazones comiencen a hacerse semejantes, es por ello que es el tiempo de preparar el espíritu para que al llegar al matrimonio puedan ser un solo cuerpo y un solo espíritu. El noviazgo cristiano prepara para poder tomar el compromiso esponsal hasta la muerte, para saber confiar en la providencia ante las dificultades y de saber hacer como María y José, el matrimonio perfecto, la Voluntad de Dios.
Los esposos cristianos unidos en el amor sabrán hacer presente el amor de Cristo hacia su Iglesia y harán de su familia una pequeña “Iglesia domestica”.
Al leer estas pretendidas reflexiones, se sorprenderán algunos amigos míos con relación al tema elegido. Pero, aunque tarde, vayan, pues, estas reflexiones para mis padres Domingo y Amalia que inspiran en mucho lo dicho aquí, a ellos de quienes en Noviembre al cumplir sus 43 años de casados dije casi inconscientemente que si lograron permanecer juntos tantos años era por que en ellos no había egoísmo, porque supieron amarse en el Amor y porque confiaron, a pesar de las dificultades, en la providencia de quien recibieron la gracia de seis hijos (dos con Dios) que aceptaron y criaron cristianamente.
Sea también estas reflexiones para un matrimonio muy cercano a mi corazón que en Mayo cumplen sus primeros diez años de fecundo matrimonio cristiano. Sea también para ese grupo de amigos que este año asumirán tal compromiso, en especial para Luz y Roberto que se casan el próximo 22 de febrero.
A mis padres ¡Gracias!, a los demás sean generosos con la Providencia, entre ustedes, con sus hijos. Recen mucho juntos, asistan a los sacramentos. Y no tengan miedo en pedir que entre su descendencia haya Sacerdotes y religiosos santos, como también que sepan construir familias cristianas, de manera que se multiplique en miles la obra que “Dios ha comenzado en ustedes”.
Marcelo Eduardo Grecco
Versailles, junto a la Virgen de la Salud
8 de febrero del año del Señor 2003
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