

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

No hay lugar para Dios en la sociedad, sin embargo, Dios esta todavía en muchos corazones y como «con amor porfía», en la puerta de todos los corazones de los hombres, la tiranía del gobierno mundial ha decidido excluir todo aquello que pueda recordar su Soberana presencia. Primero fue Holanda, hace ya unos años, luego España, hace muy poco, quienes quisieron quitar las imágenes de los lugares públicos; la mismísima constitución Europea elimina toda mención a Dios y a la fe que esta en su raíz y la hizo grande; Francia acaba de avasallar el derecho individual al prohibir el uso de objeto religiosos en lugares públicos, amenazando con cárcel y a quienes los utilicen, ¿la nueva guillotina de Robespierre? ; las leyes que a escala mundial se están promoviendo contra la vida y todo el orden natural creado por Dios.
Y cuando no alcanza la eliminación de Dios del mundo social se pervierte las mismas religiones. En el catolicismo el progresismo, tema varias veces tratado en esta revista, ha hecho desastres en la fe del pueblo cristiano. También la aceptación de la homosexualidad en Israel contra la misma tradición bíblica del pueblo judío, la ordenación de un Obispo homosexual por parte de los Anglicanos, por solo nombrar algunos casos, dan cuenta de que el hombre rechaza todo lo que viene de Dios.
La Argentina, no ha sido inmune a todo esto y venimos observando como, siempre fiel a la masonería mundial, los poderes políticos vienen transitando los caminos marcados por este gobierno mundial: leyes, sistemáticamente aprobadas en todas las provincias, en contra de la vida y del orden natural, en este sentido la Ciudad de Buenos Aires, con el Sr. Ibarra, es pionera en toda América en cuanto a las uniones homosexuales; la ofensa masiva contra la Iglesia y contra lo defendido por ella; la profanación de nuestros templos, sin que nadie repudie coherentemente terribles actos; la exclusión de la educación religiosa en Catamarca, cediendo a presiones judeomasonicas y el deseo de que toda idea de Dios sea eliminada de la educación, que por cierto ya no es un derecho de los padres a quienes se deja de lado en temas como educación sexual y demás; la justicia contra la presencia de una imagen de Nuestra Señora en el Palacio de Tribunales, la jueza, y por que no algunos miembros de la nueva Corte Suprema, quizás sintió que en la presencia de Virgen le recordaba a su Hijo y al orden, luz rectora de toda ley positiva y por tanto y derecho natural imprescindibles para ejercer rectamente la justicia.
Esta descripción del acontecer, ciertamente, no es exhaustiva pero trata de ayudar a entender muchas de las cosas que están sucediendo en los tiempos que nos han tocado vivir.
Ante esto se nos presenta en estos días el Misterio de la Navidad, tiempo propicio para contemplar el pesebre de Belén, y él al Verbo Encarnado, en donde se resuelve el misterio del hombre, en el decir del Concilio.
Contemplación del Dios hecho hombre, del Verbo hecho carne, del Todo hecho nada. De Aquel que vino y se anonado, no para quedarse y dejarnos siendo nada, sino para ensalzarnos en la gracia de la Cruz, gracia superior a aquella dada en la creación antes del pecado original. Viene para hacer a la nada Todo, a la carne Verbo, al hombre Dios.....
Contemplación que nos mueve a la reflexión y de ella a la conversión, a la oración que nos da la fortaleza para la acción, para el testimonio, para el martirio... Si, amigos, para el martirio de la fidelidad, ser testigo implica seguir a Cristo desde Belén hasta el Calvario y no ceder ni un centímetro en la fe. Esto en la historia ha sido causa de martirio, ya sea de sangre o de palabra. En estas horas ser fiel es ser un retrogrado, un hombre de las cavernas es no estar en el tiempo y en mundo, y lo peor es que a veces desde adentro se nos ataca de esta manera y ellos no entienden la mismísima palabra de Aquel que hoy contemplamos en la cuna de Belén:«estáis en el mundo, pero no pertenecéis a él».
Que estas Navidades nos ayuden a contemplar al Verbo y nos fortalezca para la defensa de la fe, que hemos recibido del dulce Niño de Belén.
Marcelo Eduardo Grecco
20 de Diciembre de 2003
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