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Mayolica

Educación Y Santidad

Enrique Joly (Psicología de los santos), buscando una definición de la verdadera santidad, después de haber examinado numerosos modelos concretos de santidad, llegó a formular la siguiente definición: 'La santidad consiste en amar a Dios heroicamente.'

Es interesante relacionar esta definición con el fin de la educación cristiana y con la causa ejemplar de la misma.

Si partimos de la cosmovisión católica, hemos de admitir que la causa final de la educación es la gloria divina y la causa ejemplar es Cristo Jesús, arquetipo de toda perfección.

Ahora bien, imitar a Jesucristo significa amar a Dios heroicamente.

No hemos de educar a los jóvenes para el éxito sino para el heroísmo, porque la finalidad de la vida humana no es otra cosa que la gloria divina.

Una buena educación no debe preparara los jóvenes a labrarse una fortuna.  Es un peligro de gran actualidad el considerar así la vida y estimar una situación por el caudal de la cuenta corriente que se tiene en el banco.

Ganas tanto al mes: ese es el argumento decisivo para el vulgo.  Se ha dicho que ciertos jóvenes deben tener, sin duda, una máquina de calcular en lugar del corazón.

La santidad, como meta de la educación, la ha de tener constantemente ante sus ojos todo educador cristiano, y ha de procurar por consiguiente no sólo instruir a su educando sino educarlo en Cristo, para Cristo y con Cristo.

Para amor a Dios heroicamente, primero tenemos que conocerlo y luego adherir incondicionalmente nuestro corazón a Él.

Educar para el heroísmo es educar para la santidad en sentido cristiano.  Y educar para la santidad significa procurar que el educando logre los hábitos perfectos, de acuerdo al ejemplar supremo de perfección: Cristo Jesús.  Esto equivale a decir que se ha de vivir de acuerdo al Evangelio, de acuerdo al Sermón de la montaña.  Sí, vivir de acuerdo a la fe.

Tarea ardua, ciertamente, porque la juventud es terreno apto pero difícil para la santidad.  Un gran filósofo, profundo conocedor del hombre y de la juventud, escribió de ella: “Nuestra juventud prefiere ahora el lujo y la molicie, Tiene modales chabacanos y desprecio la autoridad, Ha perdido el respeto por los mayores, prefiere parlotear, divertirse, antes que dedicarse al honrado esfuerzo del trabajo.  Los jóvenes de ahora contradicen a sus padres, comen sin urbanidad, y tiranizan a sus profesores.”

. ¿De quién son estas palabras?¿De algún autor famoso contemporáneo?  Nada de eso.  Son palabras de Sócrates en el siglo V antes de Cristo.

En la juventud actual hay algo que siempre es antiguo y que no se diferencia en nada de lo del joven de hace 2400 años, aunque el mundo juvenil vaya expresando esa realidad perenne de un modo totalmente nuevo en cada época.

Pero a ese joven así descrito hay que santificarlo. Todo es posible con la gracia divina; y el ejemplo de jóvenes santos de todos las épocas demuestra que la santidad no está agotada, ni se puede agotar por razones circunstanciales.

 

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