

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

«Tu me mueves, Señor, muéveme al verte,
Clavado en una Cruz y encarnecido,
Muéveme ver tu cuerpo tan herido;
Muévenme tus afrentas y tu muerte».
Tuvimos la gracia de ir a ver la controvertida película de Mel Gibson sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Al entrar en aquella sala, debemos decir, nos predisponía un profundo sentido religioso mas que la intención de ver una buena película.
Getsemani y la agonía del Señor eran las primeras imágenes de esta bella obra de arte, pero también las primeras imágenes de nuestro vía crucis. Sí, querido lector, «La Pasión», es un ejercicio de piedad, si uno quiere, es un momento propicio para meditar los misterios de dolor del Santo Rosario junto a la Dolorosa, cuyos sufrimientos y entereza bien se muestran y uno puede, si todavía no lo ha hecho, descubrirla como lo que es, Nuestra Corredentora. Su dolor por Cristo, su dolor con Cristo y su dolor en Cristo por amor a la Misión que el Padre le había dado a su Hijo: Salvar las almas.
La película tiene, ciertamente, imágenes muy fuertes, tan o menos leves que muchas otras cuyo único objetivo es regodearse en la sangre, muerte y violencia. Sin embargo a pesar de tanta sangre y de la dura realidad de la muerte, esta película es una alabanza a la Vida, pues su objetivo se centra en el amor a Cristo Crucificado, en penetrar, aunque no pueda agotarlo, en el misterio de la Cruz y de la Salvación. Pretende, hacernos ver la miseria de nuestro pecado y la inmensidad de la gracia. ¡Feliz la culpa que nos mereció tal Salvador!.
La teología sensiblera de los últimos años choca con el realismo de la película, y nos surge una pregunta ¿hasta qué punto no se puede afirmar que la película no alcanza en su descripción, sanguinaria, porque no, de aquellas horas dramáticas a mostrar todo el dolor y el sufrimiento de Nuestro Señor?...
Quien suscribe, no es precisamente un heraldo del falso ecumenismo al que nos tiene acostumbrados la mediocridad progresista, en tibios prelados. Sin embargo, debemos confesar, que no salimos de la película con ganas de quemar sinagogas o asesinar al primer judío que se me cruzara por el camino, como predijo la DAIA; por el contrario salimos con mas amor por los judíos, no el de las lagunas de palabrerías o de lagrima sensiblera o de encuentros cobardes. Si no el amor que compromete a la oración por la vuelta al seno del Padre de aquel pueblo que le rechazo, que lo alabo mientras penso que era para el tiempo y que le condeno cuando vio que era otra la Salvación que el Mesías traía. Recordamos, entonces, las palabras del Padre Julio Menvielle: «un judío converso es el primero en el Reino de los Cielos», y con mas razón pedimos, por la conversión de los pérfidos(1) judíos.
Al contemplar a aquel pueblo vimos reflejada nuestra alma pecadora, nuestra entrega por míseras monedas, nuestro permanente rechazo de la Salvación del alma y la búsqueda de signos y portentos para el aquí y ahora.
Al contemplar a Pilato en su cobardía y miedo a perder el poder por el poder nos vemos nosotros en nuestra permanente búsqueda de congraciarnos con todos, en especial con el mundo teniendo dos señores.
Al contemplar el dolor de Cristo vemos nuestra miseria y la infinita Misericordia de Dios. La esperanza resurge y nos arrojamos a esa Misericordia dispensada de manera especial en el Sacramento de la Reconciliación.
Al contemplar la Cruz de Cristo y el gesto del abrazo del madero, aún ante la replica de su compañero de calvario, contemplamos el sentido de nuestra cruz y pedimos al Padre la fortaleza para abrasarla.
Al contemplar a Nuestro Señor pendiendo del Madero y su sangre derramándose por nosotros comprendemos la grandeza del Sacrificio perpetuado en la Misa de cada día y el don inmenso de la Eucaristía.
Querido lector, Dios quiera que no vayas solo a ver una película muy buena, aunque violenta, sino fundamentalmente que puedas ir a verla con un espíritu religioso, realizando un acto de piedad como puede ser el Rosario y meditar las estaciones del Vía Crucis, seguro saldrás fortalecido en la Fe y entonces aquellas dos horas serán para ti una muy buena inversión, para la economía de tu salvación.
Marcelo Eduardo Grecco
Versailles, junto a la Virgen de la Salud
26 de Marzo de 2004
(1) Perfido: Infiel. Los judíos son perfidos en este sentido, han perdido la fidelidad a Dios, como el Pueblo elegido y rechazando y matando al Mesias, el Dios Encarnado.
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