Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

Enamorados

Cuando un esta enamorado respeta, cuida, protege, quiere estar en compañía del ser amado. Cuando uno esta enamorado se entrega totalmente a ese ser y es capaz de dar todo por el amado aún hasta la vida.

El Santo Padre nos llama a amar la Eucaristía, pero al hacerlo no nos pide que colguemos en nuestros templos cartulinas con corazones o que cantemos melosas canciones, nos convoca, a que descubramos la presencia Real de Nuestro Señor en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, bajo las formas de Pan.

Misterio Divino, don verdadero para nuestra alma, primicia del Cielo en la tierra. Sí, queridos lectores, si el Cielo es estar con Dios, gozar de sus Amor, la Eucaristía es el adelanto precioso de aquella Eternidad, pues el mismo Verbo Encarnado se nos da en alimento. Es la Eucaristía la muestra más grande del Amor de Dios, de su infinita Misericordia que envió a su Hijo Unico para que nos diera Vida a través de la Cruz, Sacrificio que el Señor quiso perpetuar y actualizar a cada hora, en cada lugar del mundo en la Santa Misa a través de sus Sacerdotes y quedándose luego en el Tabernáculo a la espera, como un esposo espera a su amada. Esperando que le amemos está el Señor en el Sagrario, irradiando amor.

Cuando uno esta enamorado, desea brindar y demostrar ese amor, por ello no hay dolor mayor que el desamor, la indiferencia, el desprecio del ser que amamos, es una espada que atraviesa el corazón y que nos dobla el alma de dolor. ¿Cuanto Será el sufrimiento de Cristo, presente en la Eucaristía, que espera  y ama ardientemente en cada uno de los templos que vayamos a visitarlo, a que le demos un poquito de amor, que le cuidemos, le protejamos y queramos ser protegidos por Él, que le respetemos, sobre todo al celebrarlo? Y, ain wmbargo, solo encuentra indiferencia y desprecio de cada uno de nosotros.

Amar a la Eucaristía es celebrarla con dignidad, es centralizar en Ella nuestra celebración y no en nosotros.

Amar la Eucaristía es reconocer nuestros pecados y ser capaces de arrojarnos al Sacramento de la reconciliación, Sacramento de Misericordia, para prepararnos a recibirla con pureza en el alma.

Amar a la Eucaristía es llegar al Templo pensando en Cristo visitarlo a Él, saludarlo a El primero que a nadie, querer estar con Él a solas  y confiarle nuestros mas íntimos secretos, escucharle lo que el nos quiera decir, es confiarle  nuestras decisiones  y junto a Ella tomarlas, para asi saberlas certeras.

Amar a la Eucaristía es querer recibirlo, haciéndonos tabernáculos, pesebres del mismo Señor.

Amar la Eucaristía es fundirnos en Cristo, Pan de vida, es vivir en Él, caminar junto a Él y ser capaces de dar la vida por Él.

Amar a la Eucaristía es dedicarle todo nuestro tiempo y nuestro respeto, es pensar en ella es dedicarnos a Ella y es desearla con todo el corazón.

Por eso debemos volcarnos a dar ese amor  a la Eucaristía, sabiendo que Ella es solo posible por el don inmenso que Cristo dejo a la Iglesia, el Sacerdocio. De rodillas ante Ella debemos implorar como Pueblo de Dios «mas obreros para la mies», Santas y numerosas vocaciones.

Porque queremos ser amadores de la Eucaristía, por eso  pedimos orantes con aquel que goza ya de la Presencia Eterna de Dios, Marcelo Morsella, que tan fundidos en el amor de Dios, tan enamorados del Supremo Amor consigamos esta gracia que, con palabras tan bellas, pedimos:

 “Señor, quiero ser una Hostia.
Blanca, sin mancha, por tu
Gracia y para Tí
Frágil, sólo fuerte en Tí.”

Supla la Gracia la deficiencia de la pluma

Marcelo Grecco
Versailles,
15 de Abril de 2004
XXXII Aniversario de la
Ordenacion Sacerdotal
Del Padre Carlos Alberto Lojoya

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