Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

Madre, Danos La Salud.

Editorial tras editorial venimos describiendo una serie de miserias a la que esta  sometida nuestra sociedad. Indicadores, estos, de una sociedad enferma en todos los ordenes. Pero no es el objetivo del presente editorial hacer un estudio cientifico sobre los males que padecemos como sociedad: la violencia; la adoracion del cuerpo, la sexualidad desordenada y el dinero; y el desamor. Por el contrario al describir estos males nos damos cuenta, una vez mas, de que estamos necesitados de salud, de la Salud del alma y del cuerpo. Que todos estos males nos aquejan en virtud de la negación de aquel que es la Salud.

Y la Salud es Aquel que pago por nosotros el precio de la Cruz. Cristo Jesús es la Salud que necesitamos como personas y como sociedad. Por eso hoy invocamos a Aquella que concibió en su Puro e Inmaculado seno la Salud; a Aquella que lo vió nacer en Belen; a Aquella que sostuvo su crecimiento en Nazaret; Aquella que lo acompañó en su predica y que fue su primera devota  y más obediente discipula; a Aquella que al pie de la Cruz, estaba de pie, sufriente y dolida compartiendo el amor de Cristo por los hombres; a Aquella que en el Calvario, por voluntad de su Hijo, se hizo nuestra Madre, «pariendonos con el dolor de la Cruz»; a Aquella que en la Resurreccion de Cristo, se alegro y dio gracias con todos los hombres.

A Ella que, junto al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo, es Reina y Señora del Cielo, Mediadora de todas las Gracias. A Ella Madre y Señora de la Salud, le invocamos y pedimos por la Iglesia, la Patria y sociedad toda:

A tus plantas,

Dulce Madre de la Salud.

Venimos agobiados y confiados en tu amor.

Reina y Señora de Versailles,

Madre del Verbo Encarnado,

que en la Cruz nos dió la Salud.

A Tus plantas venimos dolidos a pedirte por la Iglesia, por su fidelidad. Por sus hijos para que la enfermedad del progresismo no destruya su Fe en Cristo. Te pedimos por nuestros Pastores, que tengan un corazon semejante al de Cristo.

Te pedimos Sacerdotes integros, valientes, enamorados de la Verdad, dedicados a la Iglesia y preocupados por la Salvacion de las almas.

Sacerdotes, Madre Santisima, como aquel que durante muchos años te sirvio en Versailles, el Padre Julio Menvielle.

Te pedimos por las familias, que sean servidoras de la vida, que vivan la dignidad del amor cristiano y siembren en sus hijos la buena semilla del Dios Encarnado.

Te pedimos por nuestra Patria y por la sociedad toda, sufrientes de la enfermedad del indiferentismo religioso, del materialimo humano y el endiosamiento del individuo, para que pueda descrubrir nuevamente que es obra del amor de Dios y por tanto persona humana, hecho a su imagen y semejanza. Solo en Cristo le obtendra la Salud perpetua del alma y del cuerpo

Te pedimos, por último, Madre y Reina, por nosotros, que fieles a la Verdad no claudiquemos en el combate de instaurar el reino de Cristo en todos los ordenes de nuestra vida, dando testimonio de palabra, de obra y, si asi lo quiere el Señor, de sangre.

Amen.

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