

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

El capitulo 18 de San Mateo nos demuestra el amor de Cristo hacia aquella alma que mantiene la inocencia y la pureza de los niños: «En verdad, os digo, si no volviereis a ser como los niños, no entrareis en el reino de los Cielos. Quien se hiciese pequeño como este niñito ése es el mayor en el reino de los cielos, Y quien recibe en mi nombre a un niño como éste, a Mí me recibe» (Mt. 18, 3-5). Es inmenso el amor de Cristo hacia la grandeza en la pequeñez del niño. «¡Ser niño! He aquí uno de los alardes más exquisitos de la bondad de Dios - Explica Monseñor Straubinger, en el comentario al Nuevo Testamento- hacia nosotros. He aquí uno de los más grandes misterios del amor, que es uno de los puntos menos comprendidos del Evangelio, porque claro está que si uno no siente que Dios tiene corazón de Padre, no podrá entender que el ideal no esté en ser para El un héroe, de esfuerzos gigantes, sino como un niñito que apenas empieza a hablar. ¿Qué virtudes tienen esos niños? (...) Una sola cualidad tiene el niño y es el no pensar que las tiene, por lo cual todo lo espera de su padre»(1).
Vemos aquí también la inmensa recompensa que tienen aquellos que reciben a los niños y los cuidan y protegen, «a Mí me reciben». No sólo ser como ellos, sino recibirlos, amarlos, educarlos, progerlos del mal y del pecado será la misión por la cual Cristo da tan hermosa recompensa: poder contemplarlo cara a cara.
Seguidamente el Señor carga contra aquellos que corrompen a los niños y jóvenes, que se cruzan en el camino de la santidad de los niños y pequeños y que oponen toda clase de obstáculos a que los niños y jóvenes puedan vivir en Gracia amorosa de Dios cumpliendo sus mandatos y siguiendo su Ley. Aquellos que sirviendo a Satanás vuelven a decirle a los jóvenes: «No, no moriréis; al contrario, Dios sabe que el día que comáis de él se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal. Vio la mujer que el árbol tenía frutos sabrosos y que era seductor a la vista....» (Gen. 3, 4-6)
Es gravísimo el proponer el pecado como modelo de vida a aquellos que son débiles e indefensos, pues dice el Señor: «Pero quien escandalizare a uno solo de estos pequeños que creen en Mi, más le valdría que se suspendiese al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno y que fuese sumergido en el abismo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Por que forzoso es que vengan escándalos, pero ¡ay del hombre por quien el escándalo viene!.» (Mt 18, 6-7). Sin duda, Cristo muestra la «máxima severidad para los que corrompen a la juventud en doctrina o conducta»(2).
Estas palabras del Maestro, que estos últimos días tomaron estado publico gracias a la valiente y fiel acción de un Obispo de nuestra Patria, nos interpelan a todos los que tenemos responsabilidad en la educación de los jóvenes, debería interpelar también a todos los agentes de la educación ya sea actúen en forma directa o indirecta, a todos los que deban legislar y ejecutar rectamente las leyes, en orden a la ley natural. Interpelan también a quienes se rasgan las vestiduras por los dichos del benemérito Pastor y quizás les caiga muy bien el sayo. Gritan porque no quieren ponérselo y les duele en el alma las condena de Cristo pero el orgullo no les permite reconocer el mal.
Mons. Baseotto, cumpliendo su misión de Pastor y en virtud del mandato de Cristo de la corrección fraterna (Mt. 18, 12-18), hizo publico un mensaje verdadero y duro al Sr. Ministro de Salud, merece la lectura atenta y la meditación profunda, pues no podemos dejar de ver que nos interpelan a todos y a cada uno de nosotros: padres, educadores, Sacerdotes, catequistas, dirigentes de grupos Parroquiales, legisladores, Ministros, políticos, responsables de medios de comunicación., periodistas, animadores, modelos, etc., etc...
Cuándo vemos el acontecer; cuando contemplamos el relajamiento de las costumbres; cuando vemos la droga y el alcohol lesionando la vida de nuestros jóvenes; cuando los vemos encerrados en la esclavitud de la sensualidad; cuando observamos que les proponen la contranatura como «opcion»; cuando nos enteramos la clase de antros de perversión donde van con la intención de divertirse; cuando los vemos adorar los ídolos de barro; cuando los hallamos en la soledad de la noche caminando sin rumbo por la vida; cuando, con dolor, vemos muchos de estos niños salieron de nuestras escuelas católicas o pasaron por nuestras Parroquias ya sea en la catequesis de las primeras nociones o como miembros de los grupos Parroquiales ¿Cómo no preguntarnos ¿en que fallamos?
¿Cómo no darnos cuenta que quizás, por el silencio, o por miedo de enseñar con fuerza el Evangelio en toda su dimensión, a fin de no quedar mal con el mundo fuimos piedras en sus camino de santidad y en el desarrollo de su dignidad como personas?.
¿Cuándo? Te preguntaras lector. Cuando conocemos que hijos de la Iglesia han hecho caso omiso a las directivas de la Humane Vitae y de la Evangelium Vitae, es mas se ha enseñado contrariándolas y hasta se ha aconsejado espiritualmente en contra del orden natural; Cuándo por no quedar como padres retrógrados los acercamos al pecado, o por lo menos se lo insinuamos, ¿Cuántos padres imitan al Ministro de Salud antes de que sus hijos vayan a un baile o a un viaje de egresados y les reparten preservativos?; Cuando no sabemos o no podemos saber poner limites y dejamos los arrojamos a la esclavitud de la falsa libertad; Cuando acallamos la voz de la verdad y dejamos que el error corra como fuente de agua contaminada entre los niños y jóvenes; cuando no somos capaces de alzar nuestra voz ante la dictadura amoral de los medios de cuando pervierten a los jóvenes, como por ejemplo convertimos un programa protagonizado por un travestí en el mas visto(¿cuantos hogares supuestamente católicos han dejado penetrar este programa?)... Y tantas otras veces mas.
Tenemos que ser conscientes de la misión de la Iglesia que es que las almas lleguen «santas e irreprochables» ante el Señor, que conserven esa pureza propia del día del Bautismo, cuando por el agua y el Espíritu fuimos purificados de toda mancha. Cualquier acción que enturbie nuestra alma es grave, pero mucho mas grave son aquellas que enturbian el corazón y la pureza de nuestros hermanos y peor aún si estos son niños o jóvenes.
Las valientes palabras de Monseñor Baseotto merecen nuestra lectura atenta y nuestra defensa valiente. No hay lugar en la Iglesia de Cristo para cobardes y tibios, los hay para los prudentes, pero no para los cobardes no confundamos, como gustaba decir el Padre Lojoya, «gordura con hinchazón, ni aserrín con pan rallado».
Estamos llamados a anunciar, valientemente, el Reino de Cristo en todo momento y lugar; estamos llamados, en nuestra vocación particular, no solo a salvar nuestra alma sino a ayudar a que todas las almas se salven. Hemos conocido la Fe y al Mesías y, como la samaritana del pozo, no podemos callarlo y nos quema la necesidad de anunciarles a todos la Salvación, en especial a aquellos a quienes el Señor ama profundamente y quiere cerca suyo.
Marcelo Grecco
Versailles, junto a la Virgen de la Salud,
5 de Marzo de 2005
(1) Notas al Evangelio traducido por Monseñor Straubinger, Club de Lectores 1988
(2)Idem
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