

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Nuestra patria esta pobre. Carenciada esta del amor a Dios su único Señor. Ciento cincuenta años de vida secular, de laicismo sumado a un relajamiento en la enseñanza de la Verdad fue mancillando la Fe de una Nación, que supo heredar de España la fe católica y a la cual no renuncio al hacerse Soberana sino por el contrario los que lucharon por la Independencia tenían el símbolo de la Cruz y se ampararon en la Madre de Aquel que nos Redimió. No dudaron en tener a Nuestra Señora como su Madre y Genérala.
«Te han quitado hasta el alpiste para darte la instrucción» dice, sabiamente, el Padre Castellani. Pues al arrancarle al pueblo su Fe en Dios le «han quitado el corazón», pues sin Dios, sin el Padre común, sin la dignidad de Hijos de Dios todo cae en el vacío.
Nuestra patria carece hoy de la dignidad en sus hijos, que han perdido su sentido de trascendencia, su destino sobrenatural, pues, ciertamente, el hombre, es el único ser “llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios; para este fin ha sido creado y esta es la razón fundamental de su dignidad. (..........) «Por amor lo creaste, por amor le diste un ser capaz de gustar tu Bien eterno»” (Santa Catalina de Siena)”(1). Ciertamente para el espíritu cristiano no es la tierra el fin del hombre sino el lugar de “destierro” de preparación al reencuentro “cara a cara” con su Creador. Cuando el hombre pierde este sentido de su vida, comienza a buscarse en si mismo y en el solo mundo que hoy habita y asumiendo que es solo materia racional sin otro fin que la tierra y por eso pasa sus días tratando de acumular a cualquier precio los bienes que son “frágiles y perecederos”(2).
Los grandes males que afectan a la Argentina tienen su raíz en esto que expresamos pues la concepción materialista del hombre lo destruye al exaltarlo como regla absoluta o al hundirlo hasta lo mas profundo(3) exaltando, así como consecuencia directa a la sociedad.
Nuestra Patria esta huérfana por decisión propia y esta hipotecando su futuro no solo en una deuda económica sino en la destrucción de nuestros jóvenes y niños a través de la cultura de los vicios que se promueve desde todos los ámbitos, aún desde aquellos que debieran velar por el bien común. En la «cultura de la muerte» que le es impuesta desde los Organismos Internacionales.
Las tristísimas realidades económicas en las que estamos sometidos (desempleo, altísimos niveles de pobreza, la acumulación de mucho en unos pocos mientras la gran mayoría no tiene lo mínimo y necesario para vivir) no son sino la consecuencia lógica de una sociedad que ha renunciado a Cristo y a su destino sobrenatural, echando por tierra todos los valores contenidos en el orden natural y que son pregonados por la Iglesia desde su más pura Doctrina Social.
Nuestra Patria esta pobre y carenciada porque ha perdido a Cristo y como sabiamente dijo ese buen Pastor que fue Pío XII “la riqueza económica de un pueblo no consiste propiamente en la abundancia de bienes (...) (sino que reside en) una justa distribución”(4) de las riquezas. Haciendo participe a todo el pueblo de la abundancia de bienes y entonces se vera a un pueblo que “aún disponiendo de menores bienes, hacerse y ser económicamente sano”.(5)
Estamos seguros que en nuestra Patria quedan todavía hombres y mujeres dispuestos a dar batalla por la Fe. Estamos seguros que Cristo sigue bendiciendo a nuestra Patria y a la Iglesia que en ella transita a pesar de los muchos renunciamientos y negaciones.
Por eso es hora de ponernos de pie y a ejemplo de aquellos que lucharon y murieron por la Independencia, en la Vuelta de Obligado, en nuestras Malvinas y aquellos que no dejaron sembrar el terror en esta bendita Argentina, sepamos dar hasta la última gota de nuestra sangre para que sepamos forjar «la Patria futura en el recio molde de la Cristiandad». Debemos, entonces, ponernos de rodilla ante el Unico Señor y Rey para luego salir de pie al combate.
Es hora de cumplir con nuestro deber de soldados de Cristo, de Hijos de la Iglesia, de Hijos de esta bendita Patria que hoy esta carenciada de amor, no del amor sensiblero sino del verdadero amor que trasciende todo y que quiere hacer de ella imagen viva de aquella Jerusalén Celeste que el Señor nos tiene preparada.
Supla, una vez mas, la Gracia la deficiencia de la pluma que solo se atreve a enunciar un grito de amor por Cristo y la Patria.
¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA MARIA REiNA!
¡VIVA LA ARGENTINA CATOLICA!
Marcelo Eduardo Grecco
Versailles, junto a la Virgen de la Salud,
9 de Julio de 2005
Fiesta de Nuestra Señora Itatí
Aniversario de la Independencia
(1) Catecismo de la Iglesia Catolica 356
(2) Rerum Novarum 15
(3) Cif. Gaudium Et Spes 12
(4) La Solemnidad De .Pentecostes 17
(5) ídem
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