Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

Nuestro Apostolado Y San José

Elegimos, con toda intención, la fiesta del Glorioso Patriarca San José para publicar el numero 100 de nuestra revista, «El Caballero de Nuestra Señora». Ocasión propicia para meditar sobre  su figura y nuestro apostolado.

Ligados por el entrañable cariño que heredamos del querido Padre Lojoya, quien fue un devoto hijo y difusor de tan hermosa devoción. No se cansaba de motivarnos a pedirle a él ser santos  y prudentes varones. A las chicas que querían conseguir un novio les recomendaba que se los pidieran a este Santo Esposo de Maria «porque los consigue santos». Fue durante su Parrocato en la querida Visitación que lo nombro Patrono Secundario y promovía los treinta días al Santo.

Esta herencia nos ha llevado a tenerlo muy presente en esta obra de apostolado, su figura ciertamente nos inspira a contribuir obedientemente a la Salvación de las almas, de una manera particular, llevar al mundo lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero de una manera sencilla, oculta, sin búsquedas de glorias humanas, sino trabajando para la Gloria de Dios y la Salvación de las almas. Sembrando para que el dueño del sembrado coseche.

San José tuvo una participación  sublime en la obra Redentora de Cristo,  fue revestido de una gloria singular, que en nada se puede comparar a las glorias humanas. Sin embargo, San José era un ser eclipsado «un ser de segundo plano, secundario, borroso, opaco, eclipsado... y que se complace en serlo»(1).

Dios Padre dio a San José el ser «más grande y más bello», luego de «dar a un ser creado la plenitud de la divinidad, como lo ha hecho con la humanidad del Salvador», Ciertamente la Virgen Maria es «su obra maestra, y una obra maestra en la que le ha complacido reunir todas las maravillas esparcidas en el resto de su creación. Los Angeles la saludan como a su reina, y en tanto espera Ella verlos a todos un día, posternados a sus pies en el cielo, tiene ya mil a su izquierda y diez mil a su derecha. Ella es el tabernáculo de Dios, viviente entre los hombres (Ap. 21,3), el santuario inmaculado donde la Santa Trinidad reside, el propiciatorio del mundo, el lugar de la eterna alianza, el océano límpido  y tranquilo del que fluirá ese río que debe llevarla alegría a toda la ciudad de Dios (Ps. 45,5)(...) Esta creatura única es María, la hija de las complacencias del Padre, el paraíso del Espíritu Santo, la Madre Virgen del Verbo hecho carne» Y María ha sido confiada a San José, su esposo «el más puro que jamás hubo pero verdadero esposo al fin».

Aquel lirio «cuyo perfume vendría a respirar el universo entero» tenia su suelo donde echar su raíz, era San José. Era también «la atmósfera  incolora donde brillaba el resplandor de ese lirio». «Que el suelo fuera pisoteado, que nadie soñara siquiera en prestar la más ligera atención a la atmósfera... con tal que el lirio fuera admirado, amado, bendecido, eso era suficiente y todo estaba bien; el corazón de San José quedaba colmado: él solo quería eclipsarse y no tenía otro interés que desaparecer»

Pero San José no solo tuvo la enorme misión de custodiar en el amor esponsal a María, sino que además fue llamado a ser el padre aparente de Jesús siendo la «sombra del Padre que, engendrándole en la eternidad, es el principio de su misión en el tiempo y de su encarnación entre los hombres. Digo la sombra -dice Mons. Gay-, y podría decir la imagen, el sacramento, el lugarteniente, el vicario; sin embargo yo digo la sombra. Esta palabra sienta particularmente bien al carácter de San José. Aparte de que ella está consagrada por el empleo que han hecho de ella escritores místicos dignos de todo respeto, ella expresa, mejor que ninguna otra, ya la forma de la misión de nuestro admirable santo, ya esa relación próxima, íntima, inmediata con el Padre, donde esa misión tiene su origen. ¿Qué hay, en efecto, más próximo a mí y más dependiente de mí que la sombra que yo proyecto marchando bajo el sol? Se delega a un vicario, se envía, y a veces muy lejos de sí, a un ministro o a un representante, pero uno no se separa de su sombra, y la sombra tampoco se separa de aquél que la proyecta? (...) José es la sombra del Padre Celestial.....»

A este ser inmenso y pequeño a la vez encomendamos esta obra, que pueda seguir siendo canal por donde lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero sea anunciado, pero que ella y los que somos los encargados de hacerla sigamos estando ocultos, eclipsados por la luz de la Verdad, que no busquemos la vana gloria sino que todo sea  para que brille, en las almas, Cristo, el Verbo Encarnado.

Junto al querido Padre Sato pedimos para nosotros, amigos, colaboradores y nuestros queridos lectores «que en esta lastimosa época llamativamente insensata aún dentro de la pasmosa historia de la insensatez humana (Ps. 13 y 52 Vulg), el Señor nos preserve de ser arrastrados por ella y nos inunde de esa sapiencia, de esa sensatez y altísima cordura que, en grado supremo, fue el oculto, el callado patrimonio de San José»(2).

Siga la Gracia supliendo la deficiencia de la pluma y las debilidades de quienes tenemos la enorme responsabilidad, sin merito alguno, de llevar adelante esta obra.

Marcelo Eduardo Grecco
Director
«El Caballero De Nuestra Señora»
Versailles, junto a la Virgen de la Salud
19 de Marzo de 2005
Fiesta del Glorioso Patriarca San José

(1) Monseñor Carlos Gay. San José Traduccion realizada por el Padre Nestor Sato  en 1995 del libro «Conferencias a las Madres Cristianas»  (Tomo II París 1878). Todas las «» del editorial se referiran al texto mencionado, salvo que expresamente lo manifestemos

(2) Padre Nestor Sato Prologo de la traduccion de Mons. Gay

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