Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

El señor cura

Así firmaba el padre Carlos los editoriales de esta revista, y ciertamente era el título que le correspondía,  pues en verdad su vida estuvo dedicada a la cura de las almas, lo hemos experimentado en aquella,  su Parroquia, donde este boletín fue uno de los medios para su misión.

Fue padre, pues no renunció  a la paternidad,  que el Señor le encomendó al llamarlo al sacerdocio, la asumió y fue así padre de almas huérfanas y necesitadas del amor de Dios. Cobijó bajo su corazón a tantos hijos; fue pastor que supo guiar al rebaño a las verdes praderas del Señor; fue maestro en Cristo, para Cristo y por Cristo.

Su vida fue la cátedra de la fe, esperanza y caridad. Fue sembrador de la Buena Semilla de Cristo, en surcos que abrió con su obra, aún en  tierra difícil,  algunos ya florecieron y como fruto inmenso continúan la siembra.

Hace diez años, cuando retornó a la Casa del Padre, nos sentimos huérfanos de padre, maestro y pastor. Se nos había ido el Sr. Cura, llegamos a decir "se ha  callado"...  Torpeza  de un joven que se siente desconsolado y que no entiende que él ha predicado al Verbo Encarnado y que el Señor jamás habrá de ser callado.

Los años, el tiempo y la certera guía de aquellos que cubrieron tanta ausencia, en especial el padre Sato, nos lo han mostrado y en verdad hoy vemos que no solo no se ha callado, sino que su voz se ha multiplicado.

Hoy, padre Carlos, desde esta tu columna, que nuestra miseria ha usurpado, queremos rendirte humildemente nuestro homenaje, rogando  al Padre del Cielo que acepte nuestras míseras oraciones y que aumente tu gloria, y a ti, que de seguro estas a los pies de la Inmaculada  y de su Divino Hijo,  te rogamos que intercedas por nosotros, que apartados definitivamente del pecado y siguiendo tu ejemplo seamos  heraldos del Evangelio de Cristo.

Intercede, padre Carlos, por la Iglesia que tanto amaste y a la cual nos enseñaste a amar, que se vea fortalecida con la santidad de aquellos que fueron elevados a la dignidad de ministros de Cristo.

Intercede, por esta patria terrena, por la  que luchaste, que está en ruinas morales,  que con el auxilio de María de Lujan, y con el trabajo de aquellos que le amamos pueda renacer y ser semejante a la Jerusalén Celeste que tu ya disfrutas.

Padre Carlos dijimos que tú fuiste cuando debimos decir que tú sigues siendo en San Luis, en San José de Flores, en San Rafael Arcángel y en la comunidad errante de la Visitación nuestro padre, maestro y pastor, sigues siendo  el Señor Cura.

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