Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.

Mayolica

Recordando Al Padre, Al Pastor, Al Maestro (Testimonio de amigos y lectores)

Con motivo de los 35 años de Ordenación del Padre Carlos y teniendo en cuenta este número especialmente dedicado a su persona, invitamos a participar con su pluma a algunos lectores que le conocieron, unos integrando la «comunidad errante de la Visitación» otros amigos y sacerdotes. Unos por sus muchas ocupaciones, otros por el corto tiempo o porque le ha llegado tarde el mail, pero en su gran mayoría de los que nos contestaron, se les hace muy difícil plasmar en unas líneas la figura del Sacerdote que fue Padre, Pastor y Maestro. Fray Rossi que le conoció al responder a nuestra convocatoria con una carta, expone en ella lo que les ha pasado a muchos y por lo cual no han podido escribir. Transcribimos, con la debida autorización, sus líneas sabiéndolas resumen de los sentimientos y recuerdos de muchos  que  han olvidadado al Padre Carlos, pero ciertamente les cuesta plasmar su cariño y recuerdo..

Estimado Marcelo:

Jesús sea en su alma. Cuando abrí el correo ya era tarde para escribir algo del P. Lojoya. Sabe bien cuanto lo admire y lo admiro al Padre. No creo tener tanto que escribir de él, sino mas bien el recuerdo que de él tengo esta mas bien rodeado del misterio de Dios. Sus misas, sus admirables sermones que si los escuchábamos muy distraídos nos parecían narraciones de cosas obvias, pero que pensándolos profundamente nos daban a conocer el conocimiento profundo de Dios y de las almas que el Padre Carlos tenia. Sus sufrimientos le purificaron esa mirada sobrenatural de compasión sobres los que amaba. Recuerdo que no escatimaba medios para salvar un alma. Un sábado, celebrando yo la Santa Misa en su parroquia, él estaba confesando. Durante el sermón me llamo la atención de un "estallido" que sentí al fondo de la iglesia, el cual me distrajo de la predicación, y un joven que se estaba confesando con él fue expulsado para atrás de un sopapo majestuoso, y a la ves la mano del Padre lo atajo para que no cayera, y lo siguió confesando.  Esas eran las actitudes ·solemnes· (si podemos decirlo así) de este enamorado de Dios y de las almas.

En sus sermones siempre narraba algún echo de un santo, que dejaba impreso en la inteligencia del que lo seguía una idea muy clara de las virtudes a seguir en nuestra vida, y enardecía el corazón para seguir adelante en el camino de la santidad.

Era el “hombre del Misterio”. Estar cerca de él era, era estar cerca de Cristo en su Pasión doliente por las almas. Como sufría cuando un “hijo espiritual” se descarriaba. Que paciencia para con los pecadores empedernidos..... para con los sacerdotes descarriados que el consideraba “engendrados en la Fe”.

Por eso, al recordarlo al Padre Carlos Lojoya, realmente, se me hace un nudo en la garganta y me saltan las lagrimas pues realmente uno ha perdido un Padre.

Espero que esto le sirva de algo para entender que no me es fácil escribir algo de él, especialmente cuanto mas pasa el tiempo, donde uno se da cuenta de mas grandezas de este santo Sacerdote del Dios Altísimo.

Un abrazo y a seguir adelante.  Lo felicito por el boletín.

Dios y Maria Santísima lo protejan y bendigan.

Fray Daniel Maria Rossi O.P.

Luego de nuestro último número en homenaje al Padre Carlos Lojoya en el 35º aniversario de su ordenación sacerdotal, y habiendo publicado, como hacemos siempre en el foro de Hotmail «Católicos Apostólicos Romanos» nuestro editorial, recibimos esta respuesta de uno de los miembros del foro, quien me autorizo a publicarlo.

«Estimados foreros: al RP Lojoya lo he conocido poco, pero apreciado mucho. Fue mi profesor de Teología Moral en la UCA; uno de los más entrañables recuerdos que guardo de ésos años son las largas charlas con él. A veces discusiones encendidas, ya que no coincidimos en muchos temas (por ejemplo en el tema litúrgico). Pero siempre el Padre demostró una gran sabiduría y una gran Caridad; mucho amor por la Iglesia y por un país que le dolía en el alma. Sufría sí, pero nunca lo ví amargado ni desalentado. Dios sabe por que lo llevó joven aún; Dios dá y Dios quita, pero por un tiempo nomás, ya lo podremos reencontrar en el Cielo».

José del Puerto

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