

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.










Nuestro saludo habitual es muy propicio para este mes, pues con esta hermosa expresión los doctos y los sencillos reconocen en María uno de los más grandes dones que Dios Padre quiso otorgarle, confiesa quien exclama con devoción esta jaculatoria nada menos que su fe en que la Santa Madre de Dios ha sido preservada de la mancha original del pecado, con el que nace todo hombre.
La fe en ello nos viene desde los primeros años de la Iglesia que jamás desistio de explicar, poner de manifiesto y dar color, de variadas e ininterrumpidas maneras y con hechos cada vez más expléndidos a la original inocencia de la augusta Virgen (1). Ciertamente, Antigua es la piedad de los fieles que sienten que el alma de la Virgen María en el primer momento de su creación e infusión en el cuerpo fue preservada inmune de la mancha del pecado original, por singular gracia y privilegio de Dios, en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo, redentor del mundo (SOI 8/1661 Alejandro VII). (2)
La Iglesia confiesa que la Santísima Virgen es el Paraíso Terrestre del Nuevo Adan (3), elegida desde toda la eternidad para ser madre del Redentor es resguardada de toda mancha, explicaba monseñor Bentivenga, antiguo Párroco de Santa Juana de Arco, Ciudadela, que al ser creados nosotros caemos en un pozo lleno de lodo, pero a María Dios uno y Trino la tomo en sus manos y evito que cayera en el pozo, por lo que quedo del todo limpia.
Hay, querido lector, mucha confusión, aún en ambientes católicos, sobre que es lo que se celebra el 8 de diciembre y para lo cual la Iglesia se prepara con tanta solemnidad durante el mes de noviembre. Para aclarar las dudas que mejor que leer las mismas palabras con que el Papa Pio IX declaraba ya como Dogma de Fe la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María en la constitución apóstolica Ineffabilis Deus:
Después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu paráclito, e inspirándonoslo él mismo, para honra de la santa e individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra: declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazón contra los que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan además que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que además, si osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho. (4)
Demasiado importante el festejo para que pase por nuestra vida como un feriado más, como un buen fin de semana largo, en definitiva que pase asi como asi. La Iglesia que es Madre y Maestra y como tal sabe lo que nos conviene, nos propone este mes para dedicar a preparar nuestra alma para poder celebrar con gozo la fiesta de la Virgen, pero también para mejor descubrir las grandezas de María, buscando acrecentar nuestra devoción.
Si, querido amigo, cuanto más devotos de María seamos, tanto más lo seremos de Cristo, pues siempre hemos de tener presente aquellas palabras del santo devoto de María que en su Tratado de la Verdadera devoción nos dice que Jesucristo nuestro Salvador, verdadero Dios y verdadero hombre debe ser el fin último de todas nuestras devociones (5), por tanto si establecemos la sólida devoción a la Santísima Virgen es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y para ofrecer un medio fácil y seguro de hablarle (6).
¿Vamos a desaprovechar este tiempo hermoso que Dios a través de su Iglesia nos regala, para acercarnos a su Madre?
La oración a María, mediante el ejercicio de las devociones tradicionales (Santo Rosario, meditación de los siete dolores de la Virgen, el Acordaos, etc), la lectura de aquellos libros que nos animan a su devoción, como el Tratado de la Verdadera Devoción, la Constitución Dogmatica que mencionamos y en la cual el Beato Pio IX declaró este dogma, todos aquellos libros que nos muevan a amar a la Madre para llegar al Hijo.
Contemplar a la Madre, rezarle a y con María para que ella a quien Dios lleno de gracias y que es Medianera ante El de todas las gracias. A fin de que nos alcance las gracias que pedimos y sean para nuestro bien, pero fundamentalmente nos alcance aquella Gracia por la que hemos nacido y para la cual vinimos a este mumdo que es la santidad.
En definitiva este mes, especialmente, pero en verdad todos los días de nuestra vida debemos arrojarnos a su amparo, a su cuidado, a su protección por eso hoy volvemos a decir:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.
Amén.
(1) Beato Pio IX Constitución Apóstolica Ineffabilis Deus 8 Diciembre de 1854 (En adelante ID)
(2) Idem 4
(3) San Alfonso Ma. De Ligorio. Tratado de la Verdadera Devoción 6 (En adelante TVD)
(4) ID 18
(5) TDV 61
(6) Idem 62
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