

Junto a la Madre, engrandezca nuestra alma al Señor, anunciando lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero, para su mayor Gloria y la salvación de las almas.



Caminamos ya el Tiempo Ordinario, en este tiempo la Iglesia procura “profundizar el conjunto de la historia de la salvación, sobre todo a través de una contemplación continuada, fundamentalmente, del mensaje bíblico vivido en su desarrollo progresivo”(1). De esta manera la Iglesia quiere que centremos nuestra mirada en este misterio de amor que es la Salvación, pero que lo hagamos no como meros espectadores sino sabiendo que esa Salvación es para nosotros y por tanto tenemos el deber de aceptarla y alcanzarla.
En este tiempo el cristiano debe aprovechar para volver a preguntarse ¿Para qué ha nacido? Y si es sincero consigo mismo obtendrá la única respuesta posible: para salvarse. Esto quiere decir que el hombre ha nacido para salirse de sí y alcanzar los grandes bienes sobrenaturales que Dios otorga en la santidad.
Ser santo es el gran desafío en nuestra vida, alcanzar y ver a Dios es el gran anhelo para lo cual hay que trabajar muchísimo. La vida espiritual es una subida al Monte Calvario, es un caminar hacia la Cruz de Cristo y hacia Cristo que da su sangre al Padre por nosotros. La liturgia representa la vida del cristiano en la Procesión de la Comunión, es el caminar hacia el Calvario para recibir a Cristo Resucitado en el Sacramento Eucarístico. De la misma manera el hombre asciende en su vida espiritual para alcanzar al Amado en la Eternidad.
¿Qué es ser santo? Es despojarse del mundo para vivir la voluntad de Dios, para que, como afirma San Pablo, no sea yo quien viva, sino sea Cristo quien viva en mí.
¿Es fácil? No, es difícil. Es un camino ascendente muy empinado, es un yugo muy pesado, pero hay algo que lo aliviana: la Gracia que Cristo dispensa en los sacramentos, en la oración. El nos asiste con su amor, acá está la clave de la santidad en la confianza plena a Cristo, en el abandono al Señor.
Los santos nos enseñan esto, ellos son modelos de imitación que es Cristo, no dejemos en este tiempo de acercarnos a su vida, de leer sobre sus historias, no nos quedemos en las orillitas de los milagros que Dios ha hecho por ellos, profundicemos en el amor que ellos han tenido a Cristo y como han sido capaces de abandonar todo por El, hasta su propia vida como nos lo han enseñado los miles de mártires que han derramado su sangre antes de negar al Señor.
Pero hay alguien que no solo nos ilumina en el camino de santidad, siendo Ella el modelo más perfecto de las creaturas de Dios, sino que además nos acompaña en el camino, nos auxilia e intercede por nosotros. Ella es la Madre de Dios, nuestra Madre…
Ella está siempre presta para estar junto a los hijos por eso en este tiempo cuando pienses la locura que es no haber emprendido el camino de la santidad todavía pues para eso has nacido, no desesperes por el contrario arrójate a los brazos protectores de la Virgen, como lo hacemos nosotros ahora pidiendo por vos, querido amigo, por cada uno de nuestros lectores y fundamentalmente por nosotros y esta obra diciéndole:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
Oh Virgen gloriosa y bendita.
Amén.
(1) Calendario Litúrgico CEA
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