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Mayolica

He Venido A Morir Por Cristo

Publicamos una carta de un
Misionero del IVE en
Papúa Nueva Guine (1)

Querido Padre Buela:

Cuando uno pregunta a un misionero qué es lo que hace en su Misión, ciertamente contestará que anunciar el Evangelio, o inculturizarlo, o podrá decir «estoy llevando a Jesucristo a las almas a su vez que llevando las almas a Jesucristo», etc, etc. Respuestas todas que manifiestan la esencia de la Misión.

Pero si uno les pregunta más interiormente o más personalmente qué es lo que han venido a hacer, ellos contestarán: «¡He venido a morir por Jesucristo!»

Con este pensamiento comencé la celebración del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor, pensando en el incontable número de misioneros que celebrarían hoy la fiesta de Corpus Christi en incontables lugares de este mundo.

Yo por mi parte lo hice en una aldea muy humilde al norte de Papua Nueva Guinea, donde la gente había preparado todo con una sencillez realmente llamativa.

Pequeñas y grandes hojas de árboles son los adornos tradicionales, además de flores y telas de colores. Nos acompañaba un viejo Palio sostenido por seis acólitos (especiales para la ocasión), que a pesar de los varios agujeros que tenía, servía al propósito para el cual había sido sacado de su armario, cubrir al Santísimo Sacramento durante la procesión que recorrería las callejuelas de la villa y que en partes pasaría por las soleadas playas de Vanimo.

Los monaguillos todos de blanco y el grupo de músicos que con guitarras y kundus ponen a toda celebración una nota tan especial, las señoras que rezan la corona de la divina Misericordia y miles de niños que sorpresivamente están en silencio son algo que sinceramente es difícil de describir. Y por encima de todo está la idea de que he venido a morir.

Así llego a uno de los altarcitos preparados con cañas, un mantel, dos velas y muchas flores. Me toca elevar el Santísimo para ser adorado por todos y de pronto viene a mi mente este pensamiento: ¿Cómo no están aquí todos los miembros de mi familia religiosa para ver esto? Esto es imperdible, El Santísimo esta bendiciendo esta villa, todos le cantan, y rezan; todos lo están adorando como Dios, y yo quisiera que este instante de eternidad sea compartido por todos. Me doy cuenta que es a Dios mismo a quien tengo en mis manos, y pasa lo que no quería que pase, unas lágrimas comienzan a caer por las mejillas, pero no importa, ya que la transpiración es tan abundante que se confunde con ellas y la gente no lo percibe, así que doy rienda suelta a mi amor a Cristo y lloro con la alegría de ser desbordado por mi Dios y Señor.

He venido a la Misión para morir, y de esto quisiera morir: de Amor a Cristo, de esta manera podré soportar todo contratiempo y dolor, aún aquel que tanto repugna la naturaleza, como es la separación del cuerpo del alma.

Según el curso natural de todas las cosas a la luz de la Divina Providencia, lo lógico es que usted llegue primero que yo a la presencia de Dios, por eso le pido que una vez que esté allí, ruegue a Dios por esta gracia para mí y todos los misioneros del Instituto: «morir de amor por Jesucristo».

Comprometo mis oraciones por el Capítulo General y en especial por su persona. Un gran abrazo con afecto sacerdotal.

P. Emilio Rossi VE (Lulín)

(1) Publicado por el Servicio de Reenvios del Instituto del Verbo  Encarnado

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